Aveces, si nos fijamos solo en su aspecto, una planta artificial puede resultar indistinguible de una viva. Puedes olerla y tocarla para precisar su pertenencia a los órdenes de la naturaleza o el artificio pero, antes y debajo de las pruebas sensoriales que ofrece, está el oscuro hecho de que el artificio es una parte del metabolismo de la naturaleza, de la naturaleza (esa palabra gastada y vieja que debe escucharse con oídos nuevos) como el metabolismo del crecimiento y la descomposición, la sedimentación y la desedimentación, el nacimiento y la muerte. ¿Qué es lo que dicen estas plantas artificiales? ¿Que la ilusión de la vitalidad en un espacio debe preservarse a cualquier precio? ¿Que deben aparentar vida sin necesidad de cuidados humanos? ¿Que sus superficies, texturas, colores y formas son lo único que importa?
En su sentido más básico, las preguntas sobre la vida y la muerte nacen junto con las del metabolismo. Para ser precisos, afirmaría que el artificio contemporáneo y de producción industrial es el problemático y dificultoso metabolismo de una naturaleza que tiende a pausar el metabolismo, a convertirse en lo no perecedero o lo no muerto, lo que no se descompone. Sobre todo en la tardía modernidad capitalista, y más aún en lo relativo a los plásticos; la producción en masa induce un estreñimiento mundial masivo que imita la lógica de la acumulación del capital que, en su no retorno a aquellos a los que se ha expropiado de valor, provoca astringencia económica, social y política. Por lo tanto, al igual que el capital, el artificio (sobre todo los artefactos engendrados por el propio capital) no está muerto: más bien es un muerto viviente.


A menudo, lo que se metamorfosea en las formas de las plantas artificiales es materia derivada de la carne de plantas y animales muertos hace mucho tiempo, que entre tanto se ha convertido en la carne de la tierra, de la que surgieron por primera vez las criaturas vivas. A esa carne, extraída de las profundidades terrestres, se la obliga a estar de nuevo en la superficie, a ser de la superficie. Como hojas temblorosas, como piel expuesta…
Tras su fosilización, la materia no produce formas. Los fósiles se retiran a las profundidades —en el sentido físico de las capas geológicas del planeta y en el sentido metafísico del concepto clásico de la materia como de una profundidad inimaginable, carente de luz y de imágenes— y maduran como materia.…
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