José Ramón Ais (Bilbao, 1971) lleva años planteando una revisión de los códigos de representación de la naturaleza a través de un imaginario personal construido en referencia a la historia del arte —mayormente pictórico—, la mirada científica, las ilustraciones botánicas, las escenificaciones de los dioramas de los museos de ciencias naturales, los mecanismos de construcción de la imagen utilizados en el cine y las posibilidades de la postproducción digital, buscando un efecto que reúne ecos del romanticismo en contraste con una hiperrealidad tendente a mostrar lo natural como si asistiéramos a una epifanía, con todo el añadido kitsch que estas demostraciones de lo divino generalmente descargan en el imaginario popular. Es una mirada única, responsable y admirada, pero que también cuestiona nuestra posición en el ecosistema del que formamos parte.

Hierbas es una serie que comenzó en 2008, y que continúa desarrollando en la actualidad. Berzas, más exigua, la realizó en 2013. Ambas mantienen unas similitudes de aproximación estética: un paisaje que se asume como escenificado, que amplía la escala de las plantas retratadas para desafiar la escala del propio espectador, donde la belleza contemplativa es llevada a límites perturbadores, místicos. El fotógrafo reconoce que, desde que comenzó a interesarse en trabajar con la flora, “mi espacio de trabajo se convirtió en un híbrido que aunaba el estudio, el jardín y el plató”. Porque José Ramón Ais fotografía su propio jardín, que él mismo cultiva. Planta sus hierbas, a las que cuida, y las fotografía en diferentes estadios de crecimiento y floración. No sólo eso: planifica su jardín en función del punto de vista fotográfico, ubicando las plantas allá donde le convienen para cada escena. “Mis imágenes comienzan con la siembra de un jardín que crece en diferentes lugares y momentos, y con distintas capas de representación”, reconoce.


El origen del interés por la flora de Ais tiene una triple, y muy apreciable vertiente: es artístico, pero también científico y sociológico. La observación de la representación de lo natural en la pintura del Quattrocento, especialmente en Fra Angelico y Botticelli, pero también en Durero, fue un primer punto de partida que lo llevó a la observación de eso mismo en la naturaleza.…
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