Resumen
El error, como concepto, abre un abanico de posibilidades, caminos, que han sido estudiados desde la Antigüedad. Incluso, como demuestra EXIT #99, puede ser un estilo, o una técnica, con la que favorecer la investigación y experimentación. En este texto, a través de Platón, Aristóteles, Derrida o Iris Murdoch, así como la mitología clásica, se revela la puesta en escena de equivocarse, y con esta la gracia, el momento oportuno, el verdadero camino.
En la Antigüedad más remota del mundo helénico la diosa Ate representaba el error, el engaño provocado por un exceso de soberbia. La soberbia, hybris, era concebida como una falta moral cuyas consecuencias arrastraban a los humanos a la fatalidad. El error no proviene, en ese marco cultural, de un defecto en el conocimiento. Al contrario, nace de una falsa certeza: que se cree saber más de lo que se sabe. En realidad, esto es también ausencia de conocimiento. Saber que no se sabe o conocer los límites del conocimiento es la actitud filosófica, vacuna contra la ignorancia o contra el error de la insensatez. Es sabiduría.
Ate es hija de Eris y de Zeus. Su padre es reconocido por su carácter veleidoso y narcisista. A su madre se le atribuye el germen de la discordia, de lo que no comparte el corazón, de lo que no vibra en el mismo tono. Eris es fruto de la noche (Nix), según Hesíodo, o del sol (Zeus) ya reinando en su hogar (Hera), según Homero. Es representada portando una manzana de oro. La manzana es símbolo del saber en la tradición bíblica. La ambivalencia del término latino malum ha convertido un fruto genérico en una manzana que ofrece, en primera instancia, un conocimiento negativo. Posteriormente se refunda el símbolo asociándose a un conocimiento redentor, el de una nueva Eva: María. Este dispositivo nos evoca el planteamiento de Metrópolis (Fritz Lang, 1927). En la adaptación de Fahrenheit 451 (Truffaut, 1966), los llamados al camino iniciático del conocimiento comían la manzana. Clarice Lispector anuncia su manzana en la oscuridad, saber encontrarla, saber la manzana será todo su saber, advierte.
La manzana dorada de Eris ya comunica su valor, pero también el riesgo de tomar el conocimiento como fetiche, como símbolo y estrategia de poder, como pozo oscuro en el que pretender saciar la sed de la ambición. Por eso, la discordia es conflicto, disputa, envidia, rivalidad, contienda. No obstante, ¿veremos en una Eris alada la rapidez en el intercambio de ideas, el pluralismo ligero de la comunicación, que rompe la ortodoxia y el dogma y borra las letras escarlatas escritas por la mano de un dios en la carne rota de los cuerpos?…
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