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Habitar el vacío: cine y no lugares

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fotograma drive my car
Fotograma de Drive my Car, 2022, Elastica Films
Resumen

El cine aborda los no lugares —espacios impersonales como desiertos, apartamentos o supermercados— no solo como escenarios, sino como dispositivos temporales que encarnan la repetición, el vacío y la suspensión del relato. Películas como Drive My Car, The Florida Project o Sirāt evitan el clímax y la progresión, revelando un presente sin rumbo. Frente a la aceleración neoliberal, proponen una resistencia desde la quietud, haciendo del estancamiento una forma de vida y de mirada política.

Hay espacios que no quieren ser recordados. Lugares sin espesor, sin promesa, sin relato. Marc Augé los llamó no lugares: aeropuertos, cadenas de hotel, supermercados idénticos entre sí. Espacios diseñados para el tránsito, no para la permanencia. Para la función, no para la experiencia. Allí donde todo es provisional, también la identidad se vuelve transitoria. El yo espera, consume, se desplaza. Pero no habita.

Y, sin embargo, el cine se detiene en ellos. Los mira de frente. Los escucha en su monotonía. No como telón de fondo, sino como superficie sensible del presente. En estas imágenes, el supermercado ya no es solo espacio de consumo, ahora es coreografía de lo ausente. El hotel, una cápsula de aislamiento. La estación, una promesa incumplida. El cine filma el no lugar no para explicarlo, sino para hacerlo sentir. No lo muestra como un espacio vacío, lo hace como un estado. Una forma del tiempo.

En ocasiones, el cine abandona la progresión dramática y opta por lo que podríamos llamar una estética del bucle lento. La repetición se vuelve estructural. El presente se experimenta como un tiempo sin vector, dirección ni escape. Los no lugares, en este sentido, no son escenarios de transición, sino formas espaciales de la parálisis histórica. Y no se filman para ilustrar un mundo vacío, sino para hacernos sentir, casi físicamente, la textura del estancamiento.

nigel shafran supermarket no lugar
Nigel Shafran. Supermarket Checkouts, 2005. Courtesy of the artist.

En películas como Drive My Car (Ryūsuke Hamaguchi, 2021), The Florida Project (Sean Baker, 2017) o Syndromes and a Century (Apichatpong Weerasethakul, 2006), los emplazamientos no acompañan la historia, sino que la sustituyen. Cuando no pasa nada, el lugar se vuelve protagonista. Y ese protagonismo es político. Porque estos espacios sin historia no son neutros. Son zonas de tensión. Lo anodino se convierte en el mejor espejo del presente. No por lo que muestra, sino por cómo impide la transformación, el clímax, el relato. Lo que se interrumpe en estos no lugares no es solo la narrativa, es la idea misma de progreso.…

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