Resumen
La 36ª edición de la Bienal de Artes Gráficas de Liubliana inaugura el próximo 6 de junio. Curada por la investigadora española Chus Martínez, la muestra, titulada The Oracle: On Fantasy and Freedom, plantea una aproximación al arte desde lo sensible y colectivo. Para atravesar crisis, generar empatía y construir futuros posibles, el arte se convierte en una herramienta en la que se entrelaza lo geopolítico con metáforas de libertad, resistencia y solidaridad. La Bienal podrá visitarse hasta el 12 de octubre.
Fundada en 1955, en la entonces Yugoslavia, la Ljubljana Biennale of Graphic Arts es la bienal de artes gráficas más antigua del mundo. Setenta años después de su primera edición, su objetivo sigue siendo el mismo, proporcionar un espacio de experimentación, reflexión crítica y colaboración interinstitucional, y una plataforma para que artistas de todo el mundo exhiban su trabajo. En esta ocasión, al frente de la dirección artística de la Bienal de Liubliana está la española Chus Martínez, directora del Institute Art Gender Nature de la FHNW Basel Academy of Arts and Design y curadora asociada de TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary. Martínez toma el relevo del artista ghanés Ibrahim Mahama, curador de la 35 edición, que tuvo lugar en 2023, y propone, bajo el evocador título The Oracle: On Fantasy and Freedom, una exposición que parte de la idea del arte como fuerza capaz de transformar el mundo, del arte como lugar desde el que pensar la libertad y aprender a amar el mundo en el que vivimos. La trigesimosexta edición de esta, más que consolidada, bienal abrirá sus puertas el próximo viernes 6 de junio en diferentes sedes de la ciudad de Liubliana, y podrá visitarse hasta mediados de octubre.
Si bien mantiene la denominación con la que nació: Bienal de Artes Gráficas, a lo largo de los años, su formato ha ido evolucionando hasta convertirse en una bienal de arte contemporáneo, como las de Venecia y São Paulo —aunque su misión y contexto histórico sean radicalmente diferentes—, en donde múltiples medios y formatos tienen cabida. Sin embargo, a diferencia de estas, la de Liubliana parte de un planteamiento más íntimo que pone el foco en las comunidades próximas. Frente al modelo de representaciones nacionales, la bienal eslovena apuesta por un programa comisariado con una fuerte vocación crítica.
Una bienal nos obliga a mirar una y otra vez hacia un lugar y contexto cultural específicos. La de Liubliana nació en plena Guerra Fría, en un momento en el que Europa estaba dividida en dos bloques enfrentados: el capitalista occidental y el socialista oriental. Tal y como nos cuenta Martínez, debido a la imposibilidad de viajar a Moscú, Liubliana se convirtió en punto de encuentro estratégico entre artistas de Oriente y Occidente, y su bienal pronto se consolidó como un evento clave. Fácilmente accesible tanto para los artistas del bloque del Este, como para creadores de países africanos aliados con esos regímenes, durante la guerra, gracias a su pertenencia al Movimiento de Países No Alineados, la ciudad funcionó como puente entre creadores de ambos lados del Telón de Acero. En un contexto internacional marcado por la polarización política, la Bienal de Liubliana se estableció como un espacio de mediación, intercambio y circulación cultural.
Durante la guerra y la posguerra, la gráfica se consolidó como herramienta de resistencia, reproducible, portátil y políticamente comprometida, con la que promover el intercambio cultural a escala global. La Bienal se fundó como bienal de artes gráficas por lo accesible del medio. El arte gráfico, en aquel momento sinónimo de calidad técnica y artesanal, tenía un precio que podía ser asumido por gran parte de la población.



Para hablar de los orígenes de la tradición gráfica ligados a la lucha política, Martínez nos remite a uno de los mitos fundacionales de la Bienal de Liubliana: escondidos en los bosques, los partisanos yugoslavos producían panfletos, carteles y manifiestos antifascistas y antinazis, con los que difundían sus ideas y movilizaban a la población local contra la ocupación. Este pasado en el que la gráfica fue una herramienta de disidencia y emancipación confiere a la Bienal una identidad particular, distinta a la de otras bienales, notablemente más institucionalizadas o mercantilizadas. Y es, a ojos de la curadora, precisamente esa confianza que la ciudad y la comunidad artística y cultural han depositado en la Bienal a lo largo de siete décadas, lo que la ha convertido en una de las más longevas del mundo. Inscrita en una historia de lucha, independencia cultural y conciencia social, la Bienal representa la posibilidad de regeneración a través del arte, la posibilidad de alojar en un lugar pequeño y muy maravilloso una visión mucho más grande y compleja del mundo.
El arte se convierte en una herramienta sensible y colectiva para atravesar crisis, generar empatía y construir futuros posibles
De estar centrada en las técnicas tradicionales de grabado en sus orígenes, hoy en día, en la Bienal están representados prácticamente todos los lenguajes artísticos, incluyendo cine, instalación, dibujo, escultura, performance, pintura… Convertida en capital de las artes cada dos años desde 1955, Liubliana ha desempeñado un papel crucial en la promoción de las artes gráficas en el panorama artístico internacional, especialmente en el reconocimiento del arte gráfico esloveno. Ha sido y continúa siendo una referencia global para el grabado y las prácticas gráficas experimentales, como así evidencia la presencia de treinta y cinco artistas y colectivos, provenientes de geografías diversas, en una exposición desplegada a lo largo de cinco sedes.


The Oracle: On Fantasy and Freedom
Partiendo de la idea de que toda manifestación artística y cultural es un oráculo, un lugar desde el que reflexionar y pensar sobre cómo es posible alcanzar una vida basada en el bien común, la Bienal de Liubliana se plantea como un espacio oracular. Nombrando y honrando este lugar tan simbólico donde todos los seres nos preguntamos por el curso de la vida, asumimos que nos importa seguir vivos, que nos preocupa que exista un mañana, y que ese mañana, ese futuro, sea pacífico. El arte pues, presupone la existencia de un espacio desde donde ser libres, soñar y exigir libertad y paz.
En el centro de un oráculo siempre hay algo, y en este caso es Žogica Marogica (Pelotita de colores), una marioneta popular ampliamente conocida entre la población eslovena, creada por la artista Ajša Pengov. Presentada en el Teatro de Marionetas de Ljubljana en 1951, Žogica Marogica representa la curiosidad, la aventura y el deseo de conocer el mundo, a la vez que encarna la tradición, la política y la necesidad de inventar sistemas capaces de transmitir, educar y conectar a las personas. La figura de la marioneta —ser autónomo nacido de la confluencia de imaginación y artesanía—, ofrece una vía para reflexionar sobre algunos de los temas que hoy afectan la configuración de nuestros escenarios globales: la eterna obsesión del control frente a la posibilidad de permitir, fomentar y enriquecer formas de vida pacíficas y fértiles.


Distribuida en cinco espacios, la Bienal se recorre implicando el cuerpo, la atención y el deseo, desplazándose y uniendo unos cuerpos con otros para generar un cuerpo colectivo cuyo movimiento, en sí mismo, pueda crear significados y posibilidades. Martínez nos sugiere visitarlos en este orden: Museum of Modern Art Ljubljana (A) 🡲 Tivoli Park (B) y MGLC Grad Tivoli (C) 🡲 MGLC Švicarija, conocida como Casa Suiza (D) 🡲 City Art Gallery Ljubljana (E).
Con la poesía como hilo conductor que vincula arte y pensamiento crítico, cada sede abre con un poema de la escritora e ilustradora eslovena Svetlana Makarovič. Y cuenta con la presencia de Silvan Omerzu, figura destacada en la renovación del teatro de marionetas en Eslovenia, y la voz de la cantante, compositora y artista sonora española Maria Arnal, cuyo trabajo explora las diferentes formas en las que la voz existe. Bajo los títulos Intellectual Courage, A Flower I Will Become, Meshwork, Magic and Emotions, The Secret Solution for World Peace e Imagining for Real —respectivamente—, el arte se convierte en una herramienta sensible y colectiva para atravesar crisis, generar empatía y construir futuros posibles, entrelazando lo geopolítico con metáforas de libertad, resistencia y solidaridad.
Entre los artistas participantes: Sinzo Aanza, Noor Abed, Gabriel Abrantes, Saelia Aparicio, Maria Arnal, CANAN, Gabi Dao, Manca G. Renko, Grupa Ee, Miles Howard-Wilks, Joan Jonas, Jane Jin Kaisen, Ema Kugler, Nicole L’Huillier, Svetlana Makarovič, Yarema Malashchuk and Roman Khimei, Manuela Morales Délano, Eduardo Navarro, Ingo Niermann and Mayte Gómez Molina, Silvan Omerzu, Ajša Pengov, Nohemí Pérez, Juan Pérez Agirregoikoa, Vesna and Eugen Petrešin, Maja Petrović-Šteger, Sadie Plant, Tarta Relena, Renata Salecl, Kathrin Siegrist, Svetlana Slapšak, Mladen Stropnik, Olga Subirós, Derek Tumala, Aili Vint y Takeshi Yasura. Prácticamente todos con obras de nueva creación, concebidas específicamente para la Bienal de Liubliana.
Desde hace algunos años trabajar con los artistas en la producción de obras nuevas es mi “especialidad” y esta vez he trabajado con todos de esta manera. Las obras dialogan con muchas de las preguntas que atraviesan la Bienal: ¿podemos recuperar una cierta sensación de control sobre lo que ocurre?, ¿es el arte una fuerza capaz de regenerar la democracia?, ¿cómo podemos inventar una nueva pedagogía para activar el espacio público y prevenir la deriva fascista? (Chus Martínez)
Desde su posición como curadora, Martínez afirma que haber participado en una experiencia así no ha hecho sino incrementar su deseo por acercar los eventos culturales a las comunidades, y reafirmar su confianza en el arte y los creadores contemporáneos como agentes capaces de (re)establecer vínculos que nos ayuden a superar los retos a los que la actualidad nos confronta: “Se ha acrecentado mi ilimitada tozudería a la hora de pedir que se rebaje el gasto en armas y se aumente en educación y programas culturales específicos para los barrios y las comunidades”.
Frente al modelo de representaciones nacionales, la Bienal de Liubliana apuesta por un programa comisariado con una fuerte vocación crítica
Y es, en este impulso por hacer accesible el arte y defender su valor transformador, en el que se inscribe su iniciativa de compartir, a modo de diario, el entre bastidores del proyecto. Acompañando al proceso de curaduría, desde el pasado 6 de diciembre, ha publicado una columna semanal en la revista Mousse donde ha plasmado su experiencia: “Nunca me ha gustado la idea de comunicar en función de la publicidad, por eso pensé que un diario era lo más sensato. Muchos, como yo, desconocen el contexto de esta bienal, lo pequeño de los grupos de trabajo y los retos a los que nos enfrentamos para hacer que esto esté en pie el jueves 5 de junio. Un diario me parecía lo más comprometido”.
Exposición, diario curatorial, gráfica —a cargo del colectivo de diseño esloveno Grupa Ee—, y publicación —The Oracle: On Fantasy and Freedom, editada por Sternberg Press— dan forma a una edición de la Bienal que, bajo una perspectiva oracular, nos invita a pensar que todavía podemos hacer algo para cambiar el rumbo de las cosas.
(36ª Bienal de Artes Gráficas de Liubliana, diferentes sedes, Liubliana, Eslovenia. Del 6 de junio al 12 de octubre de 2025)














