anterior

Yo estuve allí #25 | El Ecce Homo de Borja

anterior

En 2012 un terremoto mediático sacudió a nivel nacional, y prácticamente internacional, las noticias artísticas en agosto. Con su epicentro en el municipio zaragozano de Borja, la crónica era tan surrealista como cierta: Cecilia Giménez, una pintora aficionada, había decidido emprender la restauración de la pintura del Ecce Homo de la iglesia del pueblo sin los conocimientos técnicos necesarios —ni preguntarle a nadie, dicho sea de paso— dada su degradación a lo largo del tiempo. En el proceso, la obra, una pintura devocional del catedrático Elías García que hacía referencia a un episodio bíblico, quedó casi totalmente irreconocible, especialmente en la parte del rostro. Aunque, en un primer momento, casi todos los medios señalaron que se había perdido una obra imprescindible, al ver las fotografías de la pintura original se constató algo: la restauración había sido una chapuza, pero el Ecce Homo no tenía demasiado valor, pues la técnica de ejecución había sido pobre también. Además, el nuevo Cristo parecía que había tomado una dimensión más contemporánea, pues algunos periódicos nacionales habían señalado que se parecía a Paquirrín o Belén Esteban. Esta coincidencia, según Castro Flórez, es la base desde la que plantearse si es más importante ahora recitar y saberse la Biblia, o conocer el mundo bullicioso y pantojil de la actualidad rosa. Y si el acto restaurativo de Cecilia Giménez, quien padeció una severa depresión después, no fue sino un acto que puso en el punto de mira una obra que, de no haber sido así, habría sido ignorada.

0
    Tu carrito
    Carrito vacioVolver a la tienda