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Cindy Sherman

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Cindy Sherman. Untitled #91, 1981. © Cindy Sherman. Courtesy the artist and Hauser & Wirth.

Retratos anónimos

Mirar hacia atrás para ver la evolución en la obra de un artista que aún hoy sigue siendo imprescindible en el arte actual, realmente personal y característico, te puede llevar a analizar su obra desde otros parámetros. El trabajo de Cindy Sherman es de una magnitud difícil de abarcar, tanto por su cantidad como por su variedad. Desde sus primeras fotografías, sus series en blanco y negro de Bus Riders (1976) y Untitled Film Stills (1977-1980) hasta sus últimos trabajos de 2023 en los que su rostro ocupa todo el espacio, manipulado como si fuera un collage, usando tecnologías digitales y analógicas para distorsionar sus rasgos y exagerar los gestos, y la mezcla del color y del blanco y negro para destacar unas zonas sobre otras, han pasado casi 50 años. Entre un extremo y otro hay una cantidad de series abrumadoras en las que pasa de los iconos de los medios de comunicación, de masas, al cine, a la publicidad, a la objetualizacion del cuerpo, a la frialdad y violencia del sexo… La fuerza y la frescura, la originalidad y la extraordinaria fuerza critica que se transmite exclusivamente desde un rostro, desde una presencia física simple, son la esencia permanente de su trabajo, que evoluciona y se transforma sin repetirse, sin aburrir y sorprendiendo en cada nueva serie.

Cindy Sherman. Untitled #615, 2019. © Cindy Sherman. Courtesy the artist and Hauser & Wirth.

Siempre se habla incorrectamente de la obra de Sherman como de la depuración del autorretrato y de la capacidad performativa de la artista (que no solo es autora y modelo, sino estilista, maquilladora, peluquera, y encargada de vestuario, de decorados y de iluminación), sin embargo ella misma afirma que en su trabajo se siente de una forma anónima, como si no fuera ella exactamente: ”Cuando me veo en las fotografías, nunca me veo a mí misma, no son autorretratos”. Esa idea de que no son autorretratos, que no es ella disfrazada, que incluso no es ella cuando solo vemos su cara, es esencial para comprender su evolución y la importancia de la influencia de su trabajo en más de una generación de artistas. Lo que ella pretende en cada imagen es convertirse en otra persona, dejar de ser ella. Esa especie de abandonarse ante la creación de una identidad (no de un personaje, nunca hay nombres ni datos) es la clave para que su obra, en continuo cambio, pueda atravesar más de cuatro décadas sin repetirse, aportando en cada nueva serie aspectos formales y conceptuales de gran peso específico y a la vez de una forma que nadie más ha hecho.…

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