Resumen
El Premio Pritzker de Arquitectura 2026 ha destacado la apuesta delicada, poética y frágil de Smiljan Radić por edificios en los que lo orgánico, lo efímero y las escalas hacen posible espacios amplios, vivos, en los que poder compartir e interactuar como comunidad.
En estos últimos años el ajetreo, la acumulación de tareas y los desplazamientos han hecho que, dentro de la vida moderna, busquemos espacios seguros, sitios en los que tener un momento de respiro, y tranquilidad, para poder recobrar las energías o ser capaces de reconectar con lo que nos rodea. Entre otros, la naturaleza, con su promesa de entorno intacto —no manipulado por el ser humano—, ha despuntado a la hora de elegir planes, bien para pasear, hacer ejercicio, disfrutar de las vistas, o para tumbarnos y sentir que, simplemente, tenemos el poder de no ser productivos, «no hacer nada», durante unas horas.

Con esto en mente, no es de extrañar que el Premio Pritzker de Arquitectura 2026 —el galardón más destacado de este ámbito— haya recaído en el arquitecto chileno Smiljan Radić, cuyos edificios se apoyan en lo orgánico, la fragilidad y el encuentro del visitante con espacios amplios, vivos, en los que poder compartir momentos con los demás. Con esto, se suma a la larga lista de premiados en años anteriores —casi todos hombres, tendencia que ha empezado a cambiar esta última década—, entre los que destacan Riken Yamamoto (2024), Rafael Aranda, Carme Pigen y Ramón Vilalta (2017), Jean Nouvel (2008), Zaha Hadid (2004) o Rafael Moneo (1996).
En ese sentido, aspectos como lo comunitario y lo delicado han sido algunas de las cosas que ha destacado el propio jurado, de la arquitectura de Radić, en la declaración oficial de concesión. Pues, como han señalado, en sus obras: «Establece un punto de entrada personal, casi introspectivo, sin que esto termine en una especie de retiro. Al contrario, lo que empieza como un encuentro individual se expande en una amplia y colectiva resonancia […] A través de conexiones y patrones de circulación menos obvios, las construcciones de Radić ofrecen múltiples niveles de interacción y actuación, e incluso de modificación de las narrativas que se desarrollan. La composición maestra de los volúmenes, y la precisa calibración de las escalas, llevan a una sensación de monumentalidad de la rutina, mientras se experimenta a la vez a un nivel público e individual. Así, la presencia monumental está reconfigurada a través de la fragilidad, la ligereza y la aparente inestabilidad, conseguida no solo a través de las escalas, sino de la atmósfera, la tensión de los materiales y la intensidad del espacio»1Para más información, véase el siguiente enlace en inglés: https://www.pritzkerprize.com/laureates/smiljan-radic-clarke#laureate-page-2806.
Desde la creación de su estudio en 1995 en Santiago de Chile, cuando la escultura y artista visual Marcela Correa le encargó su estudio, sus edificios se han ido desplegando por su país natal y, como es natural, por el extranjero, en Suiza, Reino Unido o España, incluso, con la renovación del Hotel Solo (desde 2017) en Teruel, y la transformación del Palacio de Telecomunicaciones de Barcelona (2025). De hecho, su propia casa, que él mismo ha titulado «Pequeño Edificio Burgués», es una muestra de la filosofía de su trabajo: sirve de hogar y de archivo de sus proyectos, con diferentes espacios que pueden ser ocupados según las necesidades de cada momento, y donde la estructura de hormigón queda desnudada por la instalación de amplias cristaleras que ofrecen, de nuevo, ese componente abierto y frágil.

«Sus proyectos son un campo de experimentación en el que apenas hay certezas —algo que se transmite al visitar los espacios—, e incluso las obras parecen inacabadas —como si estuvieran ‘a punto de desaparecer’—»
Su estudio internacional, así, está formado por un equipo reducido que vuelve a incidir en el componente artesanal y cuidado del trabajo arquitectónico frente a las grandes estructuras y conjuntos de técnicos a la hora de construirlas. De este modo, su estilo de vida, que permea en sus obras, ofrece una combinación de innovación y tradición en la que ambas contrastan, o se hermanan, y juegan hasta producir algo único. Por otra parte, esta labor se ha complementado, además, con la creación de la Fundación de Arquitectura Frágil en Chile, que desde 2017 ha ido albergando ciclos, seminarios y exposiciones centrados en lo efímero, las cáscaras o las emociones, así como en figuras destacadas de la arquitectura, por ejemplo: «El poema del ángulo recto: arquitectura y arte en Le Corbusier» (2025), o «Gordon Matta-Clark. Vacío sea nuestro fin» (2025).


Porque, si hay algo que también destaca de sus construcciones, es su adaptación al entorno, con lo que cada proyecto es distinto y supone un estudio previo del contexto, los materiales y las posibilidades, más que repetir una fórmula establecida. Estos son los casos de Restaurante Mestizo (2006, Santiago de Chile), embebido sobre el terreno, en contacto pero sin destruir el entorno natural; o Pite House (2005, Papudo, Chile), orientada de una forma específica para prevenir que los materiales se desgasten por la fuerza de los vientos o la incidencia de la luz. Especialmente en el caso del primero, los proyectos son un campo de experimentación en el que apenas hay certezas —algo que se transmite al visitar los espacios—, e incluso las obras parecen inacabadas —como si estuvieran «a punto de desaparecer»—. Así pues, lo que pone en juego la arquitectura de Radić es el carácter efímero del paso por el mundo, tanto de los seres humanos como de muchas de sus propias creaciones.
Sus obras abrazan la fragilidad de la existencia al combinar la estabilidad exterior del edificio con el desequilibrio en las escalas en el interior, el respeto y la inclusión de lo orgánico frente al uso de materiales neutros, poco llamativos
Para seguir ahondando en su obra, merece la pena detenerse en otro de sus proyectos. En el año 2014, Radić fue invitado a diseñar y construir el Pabellón Temporal de la Serpentine Gallery de Londres —siguiendo la estela de Zaha Hadid, Rem Koolhaas, Olafur Eliasson o Frank Gehry— fuera del edificio principal, en los jardines de Kensington. En su planteamiento, se basó en la estructura en nube de Sou Fujimoto del año anterior, una de las obras más visitadas en aquel momento desde que el proyecto comenzó en el año 2000. En palabras del mismo arquitecto, su idea fue la siguiente:
El Pabellón de la Serpentine Gallery de 2014 forma parte de una serie de pequeñas construcciones románticas vistas en parques o grandes jardines, llamadas follies, que fueron muy populares desde el final del siglo XVI hasta el comienzo del XIX. Desde afuera, el visitante verá una cáscara suspendida en una serie de rocas de cantera. Esta cáscara —blanca, translúcida y hecha de fibra de vidrio— alojará un espacio interior organizado en torno a un patio vacío, en el que la organización natural será menos importante, lo que dará la sensación de que todo el espacio será aéreo. Por la noche, gracias a esa semitransparencia, la luz atraerá la atención de los paseantes, al igual que las lámparas lo hacen con las polillas2Su declaración completa, así como la de otros críticos y expertas, puede leerse en el siguiente enlace: https://d37zoqglehb9o7.cloudfront.net/uploads/2022/02/2014-Pavilion-Press-Release-FINAL.pdf.
Jurado del Premio Pritzker 2026
Frente al dominio del formalismo en la arquitectura —algo que mostró la reciente película The Brutalist (2024), con los materiales desnudos, fríos—, o la apuesta por nuevas formas orgánicas de organizar el espacio —que inciden en los aspectos medioambientales o más naturales en su apuesta por la innovación—, Radić y su equipo han mantenido un equilibrio delicado y elegante entre ambas vertientes. Al final, sus obras abrazan la fragilidad de la existencia al combinar la estabilidad exterior del edificio con el desequilibrio en las escalas en el interior, el respeto y la inclusión de lo orgánico frente al uso de materiales neutros, poco llamativos. Su fusión coloca, ante todo lo demás, a los espectadores y espectadoras frente a su propia vulnerabilidad, y en esta experiencia de que todo es pasajero, fugaz, es donde surge la belleza del paso del tiempo y la necesidad de compartirlo sabiamente.
- 1Para más información, véase el siguiente enlace en inglés: https://www.pritzkerprize.com/laureates/smiljan-radic-clarke#laureate-page-2806
- 2Su declaración completa, así como la de otros críticos y expertas, puede leerse en el siguiente enlace: https://d37zoqglehb9o7.cloudfront.net/uploads/2022/02/2014-Pavilion-Press-Release-FINAL.pdf





