Resumen
La obra de Bas Jan Ader, desaparecido en 1975 durante una travesía por el Atlántico, explora la búsqueda, la fragilidad y el fracaso como formas de resistencia poética. Su breve pero influyente legado, compuesto por vídeos, fotografías y performances conceptuales, ha cobrado nueva relevancia al resonar con preocupaciones actuales y numerosos con artistas contemporáneos. La retrospectiva I’m Searching… en la Hamburger Kunsthalle celebra su visión radical de la vida como arte y de la caída como acto expresivo.
Existen muchas formas de buscar, pero qué difícil es saber si lo que se busca se ha encontrado, o cuándo. A menudo, no parte de una carencia ni se orienta hacia un lugar concreto, sino que la búsqueda se afirma a sí misma, existiendo en la medida en que se sostiene en el tiempo, se convierte en movimiento, en gestos en espiral, a veces repetitivos, otras erráticos. La experiencia misma de buscar, venga de donde venga, nos obliga a aceptar que lo que esperamos encontrar muchas veces es solo una nueva forma de empezar. En la deriva, una búsqueda puede volverse estructura, ritmo, lenguaje, una forma de habitar el no saber y, quizá, también de nombrarlo sin delimitarlo.
En julio de 1975 el holandés Bas Jan Ader se propuso cruzar el Atlántico navegando en solitario en un pequeño velero. Tres semanas después de iniciar el viaje, perdió el contacto por radio y, aunque el bote en el que viajaba llegó a la costa irlandesa tras más de nueve meses a la deriva, su cuerpo nunca fue encontrado. Hoy, 50 años después de su desaparición, la Hamburger Kunsthalle le dedica su mayor retrospectiva bajo el título I’m searching…, una exposición fundamental para entender el trabajo de un artista que exploró lo trascendental en los límites de la fragilidad humana y que llevó hasta la última de sus consecuencias la relación entre arte y vida.

La búsqueda, en todas sus dimensiones —física, emocional y metafórica—, atravesó de manera ineludible tanto la obra como la vida de Ader, nacido en 1942 en Winschoten, Países Bajos, y fallecido, probablemente en el 75, con 33 años, en algún lugar del océano Atlántico entre Cabo Cod (Massachusetts) e Irlanda. La búsqueda, en tensión constante con la idea de la caída y la pérdida de control, fue el eje de su práctica artística y de su existencia misma, dando forma a una poética de fronteras desdibujadas. Para Ader, cada acto artístico fue también un acto vital, una entrega total. El arte no como representación, sino como vida, y la búsqueda como metáfora de esa vida. Expuesto a lo incierto, lo frágil, lo milagroso, el holandés se situó en el límite entre voluntad y rendición, y desde ahí trabajó con —y en— los límites del cuerpo, del lenguaje y del arte mismo.
Su obra se inscribió en las corrientes conceptuales de la segunda mitad del siglo XX, al privilegiar la idea sobre el objeto y emplear el cuerpo y el tiempo como herramientas expresivas. A través de actos mínimos cargados de simbolismo y ambigüedad, Ader construyó una poética de la fragilidad, la caída y la ausencia, profundamente melancólica, íntima y radical.
Expresados en un lenguaje a la vez poético e inquietante, los momentos de pérdida y falta de control vertebran el núcleo emocional y conceptual del trabajo de Bas Jan Ader
Si bien el conjunto oficial no supera la decena de piezas, entre las que se cuentan apenas siete vídeos y cortometrajes, dos películas, algunas fotografías y su proyecto inacabado In Search of the Miraculous, durante los últimos años su trabajo está siendo recuperado y revalorizado, y actualmente su figura ha adquirido un estatus casi mítico, especialmente entre artistas conceptuales de generaciones posteriores. En obras como Fall I y II, I’m too sad to tell you, Broken Fall (Organic), Nightfall y Broken Fall (Geometric) —fotografías y vídeos de performances cuidadosamente tomados— puede verse a Ader cayendo de un árbol, del techo de su casa en Claremont, o a un canal de Ámsterdam con su bicicleta; dejando caer objetos y materiales pesados sobre otros más frágiles; o su propio rostro, captado en un llanto desconsolado.
La vulnerabilidad, el riesgo, la pérdida, la caída y la búsqueda de algo más allá de lo tangible fueron centrales en su obra. Como si cada una de sus acciones fuera un intento desesperado por tocar lo inasible, una caída constante, literal y simbólica, hacia el misterio de lo que nunca termina de revelarse, su práctica osciló entre la fragilidad y la insistencia, entre el riesgo físico y la exposición emocional. Expresados en un lenguaje a la vez poético e inquietante, estos momentos de pérdida y falta de control vertebran el núcleo emocional y conceptual de un trabajo en el que el acto de caer funciona como metáfora del fracaso, pero también como decisión consciente, como gesto de rendición ante lo incontrolable. Su trabajo convirtió el fracaso y lo inasible en formas de resistencia estética.
La muestra de la Hamburger Kunsthalle propone un viaje al interior de la mente de Ader a través de una selección de películas en 16 mm, instalaciones de diapositivas, fotografías, vídeos y abundante material documental, producidos desde su llegada a Estados Unidos, a mediados de la década de los sesenta, hasta su desaparición en el mar en 1975.
Durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, con solo dos años, Ader perdió a su padre a manos de los nazis, un acontecimiento que marcó profundamente su vida. En 1963 emigró a EEUU y se instaló en California para cursar estudios de arte en el Otis Art Institute y de filosofía en el Claremont Graduate School. En el 65 se casó con Mary Sue Andersen —actual directora y gestora de su legado—, y juntos se establecieron en Los Ángeles, donde Ader comenzó su trayectoria artística. Caracterizada por la aproximación de corte romántico al objeto de reflexión artística, y a menudo basada en el absurdo y la ironía, su obra se desarrolló principalmente durante la segunda mitad de la década de los sesenta y principios de los setenta.

En 1975 empezó la que sería su última obra, In Search of the Miraculous, un ambicioso proyecto-performance concebido como un tríptico. La primera parte, presentada en la galería Claire Copley de Los Ángeles ese mismo año, consistía en una serie de dieciocho fotografías en blanco y negro tomadas durante un paseo nocturno por la ciudad, que capturaban el recorrido desde una autopista hasta el mar bajo el subtítulo One Night in Los Angeles. La segunda, en una travesía que le llevaría a cruzar el Atlántico en el Ocean Wave, una pequeña embarcación de vela de poco más de 3,80 metros de eslora, con la que buscaba cumplir el ansiado sueño de los marineros de navegar el vasto océano en solitario. Ese encuentro sublime con la naturaleza, que pensaba documentar con su cámara fotográfica, representaba una meditación sobre la condición del artista como “buscador de lo milagroso”, como “héroe” moderno. La tercera parte del tríptico estaba pensada como una suerte de experiencia espejada de la realizada en la ciudad angelina, pero esta vez en Ámsterdam, un paseo desde el mar hasta la autopista. Sin embargo, tres semanas después de zarpar de la costa de Massachusetts, tiempo durante el cual mantuvo comunicación por radio, la señal se perdió y con ella el rastro de Ader, dejando la obra inacabada. Aunque el Ocean Wave fue hallado en abril de 1976, su cuerpo nunca fue encontrado.

Cincuenta años después de su desaparición, su obra resuena más que nunca con la profundidad filosófica y la carga emocional que siempre definieron su mirada artística. Ader ha sido descrito con frecuencia como un «artista de artistas» y I’m Searching… da cuenta de cómo su influencia atraviesa generaciones y geografías. Aunque en sus inicios sus vídeos fueron leídos desde lo irónico, a partir de los noventa su trabajo comenzó a cobrar relevancia dentro de la práctica artística contemporánea que explora el riesgo, el cuerpo y la búsqueda como elementos fundamentales, hasta convertirse en el referente que es hoy. Desde principios de los 2000, su vida y obra han influido a artistas como Sophie Calle, cuya práctica también aborda la vulnerabilidad, la autobiografía y el acto de buscar o perderse; Tacita Dean, interesada en la pérdida, el paso del tiempo y la memoria, que incluso ha filmado en lugares vinculados a su desaparición; y Bruce Nauman, cuyas performances sobre cuerpo, presencia y ausencia son conceptualmente afines a la obra de Ader. Algunos de estos vínculos están recogidos en el documental Here Is Always Somewhere Else, dirigido por Rene Daalder en 2008.

Recientes retrospectivas en grandes museos y un renovado interés por los films de arte conceptual, han ampliado el reconocimiento de la obra de Ader. A lo largo de las últimas décadas, su trabajo ha formado parte de las exposiciones colectivas Pier + Ocean en la Hayward Gallery de Londres (1980), 1965-1975: Reconsidering the Object of Art en el MOCA de Los Ángeles (1995), In and Out of Amsterdam en el MoMa de Nueva York (2009), y Power and Imagination: Conceptual Art en la National Gallery of Australia, en Canberra (2018). En 2006 tuvo lugar Bas Jan Ader. All is Falling, su primera individual en el Reino Unido, en el Camden Arts Centre de Londres, cuyo catálogo incluye un texto de Tacita Dean; la muestra itineró al Museo Boijmans van Beuningen de Róterdam y a la Kunsthalle de Basilea. En 2010, In Search of the Miraculous: treinta años después en el CGAC de Santiago de Compostela, fue la primera muestra monográfica de Ader en España.
Hoy, una nueva generación de artistas conecta con Ader desde una comprensión más profunda, amplificada por el acceso sin precedentes que ofrece Internet a su obra y su aura. Sus vídeos conceptuales, en los que él mismo es protagonista, dialogan con la estética de la era YouTube, mientras que su mezcla de ironía y melancolía resuena con múltiples inquietudes contemporáneas. Leídos a la luz de un presente marcado por la tensión entre el mundo físico y la virtualidad, sus gestos frente a fuerzas mayores adquieren nuevos sentidos, recordándonos que la relevancia de un artista no depende de la magnitud de su obra, sino de la intensidad con que sigue hablando al presente.
(Bas Jan Ader, I’m searching…, Hamburger Kunsthalle, Hamburgo. Hasta el 24 de agosto)




