Resumen
El «giro animal» en las humanidades busca replantear la visión del mundo y la ética. Diferentes exposiciones, ensayos literarios y películas recientes cuestionan la centralidad del ser humano y las jerarquías entre especies. Lejos de limitarse al estudio de los animales no humanos, este enfoque pretende repensar lo humano y criticar las estructuras sociales e institucionales que generan desigualdad.
En un mundo profundamente antropocéntrico, que margina, oprime, brutaliza y mercantiliza a los animales no humanos, estos se convierten en la cara oculta, silenciada y explotada que sostiene ciertas ideas de progreso y civilización. Pese a que habitan todos los espacios de la existencia moderna, sus vidas, sus cuerpos y sus derechos permanecen prácticamente invisibles en la mayoría de debates culturales, estéticos y políticos. De ahí que, en medio de la crisis ecológica y social, mirar a los animales —como escribió John Berger en su ensayo Why look at animals? (1977)— e interrogar las estructuras de poder que definen nuestras relaciones con ellos nos enfrente a la gran distancia que nos separa, una distancia construida culturalmente que nos delata, y, como un espejo, nos devuelve la imagen de nuestra arrogancia y vulnerabilidad. ¿Qué hemos hecho con las vidas de quienes históricamente hemos considerado otros?


En el terreno de la ética y la política, las reflexiones que cuestionan la supremacía humana sobre lo viviente han impulsado tanto estudios interdisciplinarios sobre cognición, emociones y comportamiento animal como la creación de leyes de bienestar y la expansión de debates sobre derechos de los animales, justicia ecológica y el consumo humano de productos animales.
En el campo de las humanidades, en los últimos años se ha producido un desplazamiento de la atención desde las narrativas humanas hacia la recentralización de la subjetividad animal. Un movimiento epistemológico y afectivo inscrito en una larga genealogía de pensamiento que, además de cuestionar la concepción de los animales como recursos económicos, objetos de estudio y símbolos, propone nuevas formas de convivencia interespecie basadas en el reconocimiento de su inteligencia, emociones, deseos y agencia. El llamado giro animal no solo revisa la jerarquía ontológica que separa al ser humano del resto de las especies, sino que pone en crisis la propia idea de la humanidad como medida de todas las cosas.
Más allá de su capacidad de reflexión e investigación, el arte posee una cualidad especulativa que permite imaginar otros mundos posibles y nuevas formas de relación interespecie
Influidos por los estudios ecológicos e imbuidos en los postulados del posthumanismo —posición que se opone a la tradición occidental de un humanismo centrado en la razón, la palabra y la ética como privilegios de nuestra especie—, en disciplinas como la filosofía, la teoría crítica o los estudios culturales, han emergido discursos que invitan a pensar la coexistencia y la vulnerabilidad como un campo común, donde el lenguaje, la sensibilidad y el sufrimiento no son exclusivos de los humanos, y donde se desdibuja la separación entre naturaleza y cultura. Autores como Peter Singer, con su enfoque en el sufrimiento animal y la ética práctica; Donna Haraway, que propone una comprensión interespecie basada en la cohabitación y la agencia de los animales; o Bruno Latour, cuyo trabajo sobre la teoría del actor-red destaca la participación de humanos y no humanos en redes interconectadas, han explorado nuevas formas de entendernos y relacionarnos con ellos. Sus planteamientos, complementados por las reflexiones de pensadoras como Isabelle Stengers sobre ecología y responsabilidad, contribuyen a consolidar el marco conceptual del giro animal en las humanidades.





Un fenómeno paralelo ha ocurrido en el campo de las artes visuales. Desde quienes centran sus investigaciones en la perspectiva animal para denunciar su explotación, mercantilización y domesticación, hasta quienes exploran la inteligencia, creatividad y subjetividad no humanas, son numerosos los artistas que de un tiempo a esta parte se han preocupado por estas cuestiones. Y es que el arte, más allá de su capacidad de reflexión e investigación, posee una cualidad especulativa que permite imaginar otros mundos posibles y nuevas formas de relación interespecie, que lo convierte en un terreno idóneo para el desarrollo de estos planteamientos.
El giro animal también se ha materializado en el ámbito institucional, con políticas, programas y exposiciones que buscan visibilizar otras formas de vida y fomentar un compromiso ético y crítico hacia la diversidad de especies que habitamos el planeta
Estas ideas encuentran su expresión directa en las prácticas de artistas que, desde distintos lenguajes y posicionamientos, abordan la presencia animal como un territorio de conflicto ético y simbólico. Tal es el caso de Janis Rafa, cuyo proyecto We Betrayed the Horses —presentado en el EMST como parte de la programación que el centro griego dedica este año a la justicia ecológica y los derechos de las vidas no humanas— parte de la pregunta: ¿puede el deseo de cercanía con los animales no humanos desligarse alguna vez de la noción de posesión?; o de la dibujante y activista Sue Coe, con un cuerpo de trabajo centrado en la violencia industrializada, las injusticias y los abusos de poder, donde la brutalidad cotidiana del uso de animales para beneficio de los humanos tiene una fuerte presencia. También en los vídeos de Pierre Huyghe, en los que animales y entornos se convierten en agentes autónomos, y en proyectos como Hunting & Collecting (2015), de Sammy Baloji, en los que, desde una perspectiva anticolonial y antirracista, aborda los derechos de los animales como una cuestión política más que natural, consciente de las tensiones que genera su enfoque al tratar un concepto exclusivamente humano.

Claro que el giro animal no se limita a prácticas individuales y, desde hace ya algunos años, también se ha materializado en el ámbito institucional, con políticas, programas y exposiciones que buscan visibilizar otras formas de vida y fomentar un compromiso ético y crítico hacia la diversidad de especies que habitamos el planeta. Proyectos como la dOCUMENTA (13), celebrada en 2012 bajo la dirección artística de Carolyn Christov-Bakargiev, que propuso una edición guiada por una visión holística y no logocéntrica de la creación artística; o la muestra Ape Culture, en la HKW (Berlín, 2015), dedicada a la relación entre humanos y primates, abrieron las puertas de los espacios expositivos a los animales.
En España, la atención hacia las vidas no humanas tuvo su correlato institucional en Ciencia fricción (2021–2022), una colaboración entre el CCCB de Barcelona y Azkuna Zentroa de Bilbao, donde se cuestionaba la supremacía de la especie humana y se apostaba por una visión del mundo entendido como un ecosistema en el que conviven todas las especies del planeta.
En el campo de las humanidades, en los últimos años se ha producido un desplazamiento de la atención desde las narrativas humanas hacia la recentralización de la subjetividad animal
Más recientemente, exposiciones como The Lives of Animals, presentada el año pasado en el M HKA de Amberes y, hasta agosto de este año, en Salt Beyoğlu (Estambul), y Why look at animals?, actualmente en el EMST de Atenas, han continuado explorando los debates sobre ética, violencia y representación de la vida no humana.
Why Look at Animals? es la primera gran exposición internacional dedicada a repensar las relaciones entre humanos y animales no humanos, desde la perspectiva de sus derechos. Con un claro tono activista, su curadora, Katerina Gregos —actual directora del EMST—, plantea una crítica a la marginación cultural y física de los animales dentro del capitalismo industrial moderno a través de más de doscientas obras de cerca de setenta artistas internacionales. La muestra toma su título del ya citado texto de Berger, Why look at animals?, y parte de una reflexión sobre la ética de nuestras relaciones con los animales, así como sobre la compleja reciprocidad moral que implica el acto de observarlos.
A diferencia de esta, el planteamiento de The Lives of Animals —inspirada en el ensayo homónimo de J. M. Coetzee— partía de un lugar más reflexivo: explorar cómo el arte visual puede plantear preguntas fundamentales sobre la animalidad, la amistad interespecie y la tendencia humana a considerarse una forma de vida excepcional. Concebida como una invitación a pensar los modos en que miramos, representamos y nos vinculamos con otras especies, subrayaba la posibilidad de una comunidad moral compartida entre seres vivos, con obras que desafiaban las fronteras entre lo humano y lo animal y revisaban nociones como la conciencia, la empatía y la coexistencia.
Últimamente se habla mucho de inteligencia artificial, pero ¿y la inteligencia animal?
Y, como no podía ser de otra manera, el giro animal también tiene su eco en otras disciplinas como la literatura o el cine, donde se manifiesta como una búsqueda de nuevas formas de narrar la experiencia interespecie más allá de la utilidad o del sentimentalismo.
En este terreno, la obra de escritoras como Olga Tokarczuk —Premio Nobel de Literatura 2018—, Lara Brown o Maggie Nelson desplaza la mirada hacia las zonas de interdependencia entre especies, incorporando voces animales o hibridando la perspectiva humana con la no humana. En Sobre los huesos de los muertos, Tokarczuk convierte la literatura en un manifiesto animalista y ambientalista.

A través de una trama que combina el thriller ecológico con la reflexión moral, cuestiona nuestra indiferencia hacia la naturaleza y el trato a los animales, mostrando cómo la forma en que los tratamos revela la ética —y las contradicciones— de toda una sociedad.
La versión más ensayística de esta aproximación se encuentra en textos que exploran la inteligencia, la agencia y la ética de los animales desde una perspectiva crítica. Últimamente se habla mucho de inteligencia artificial, pero ¿y la inteligencia animal?
En el ensayo ¿Qué dirían los animales si les hiciéramos las preguntas correctas? (2012; traducido al español por la editorial argentina Cactus en 2018), la escritora belga Vinciane Despret —autora de otros textos como Autobiografía de un pulpo y otros relatos de anticipación (Consonni, 2022)— invita a repensar la manera en que concebimos el conocimiento no humano y la comunicación interespecie.
¿Mirar al animal es siempre dominarlo, o puede ser un gesto de reconocimiento?
En el cine, la mirada interespecie ha encontrado un espacio de reconocimiento más consolidado que en el ámbito expositivo, donde la atención a los animales no humanos es aún reciente. Sobre todo a través del documental, se han explorado los derechos de los animales, sus condiciones de vida y nuestra forma de relacionarnos con ellos, con títulos destacados —algunos incluso oscarizados— como The Cove, Blackfish, Cowspiracy, Seaspiracy, My Octopus Teacher, Okja, Earthlings o El juicio del perro.

Entre los temas más persistentes en torno a los vínculos entre humanos y animales no humanos se encuentra el de nuestra relación con los primates, espejo privilegiado de lo humano y de sus límites. Mostrando que la inteligencia, la emoción y la cultura no son exclusivas de nuestra especie, la recientemente fallecida Jane Goodall (1934–2025) redefinió lo que significa ser humano y ser animal. Sus estudios sobre los chimpancés en África y su compromiso con la conservación de la vida silvestre y los derechos de los animales —retratados en el documental Jane (2017), dirigido por Brett Morgen, una compilación de más de cien horas de material inédito sobre su vida y su trabajo— conformaron un legado que ha trascendido la ciencia y se ha convertido en voz colectiva para todos los que no pueden hablar.
Una tradición, la de la observación y el respeto por los primates, a la que se suma la artista visual y cineasta Amparo Garrido, quien en su serie De lo que no puedo hablar (2006) documenta minuciosamente a los gorilas machos del zoológico de Madrid, planteando preguntas que siguen siendo centrales en el giro animal: ¿mirar al animal es siempre dominarlo, o puede ser un gesto de reconocimiento?

En definitiva, este giro epistemológico en las humanidades y las artes es, ante todo, una forma de descentrar la mirada, de resituar la ética y la imaginación, de replantear nuestra posición en el mundo. No se trata solo de añadir animales al estudio de la cultura o la historia, sino de repensar, desde distintas perspectivas, la propia categoría de lo humano, cuestionando las jerarquías y criticando las estructuras sociales e institucionales que mantienen y promueven la desigualdad entre especies. Desde exposiciones y ensayos hasta la literatura y el cine documental, son múltiples las prácticas artísticas y académicas que, a través de la observación, la representación y la reflexión, se han convertido en espacios de crítica y de ensayo de la empatía.
(Why Look at Animals? A Case for the Rights of Non-Human Lives, EMST, Atenas. Hasta el 16 de febrero de 2026)
(Janis Rafa: We Betrayed the Horses, EMST, Atenas. Abril – octubre de 2025)
(The Lives of Animals, Salt Beyoğlu, Estambul. Abril – agosto de 2025; The Lives of Animals, M HKA, Amberes. Junio – septiembre de 2024)
(Ciencia fricción. Vida entre especies compañeras, Azkuna Zentroa, Bilbao. Noviembre de 2022 – febrero de 2023; Ciencia fricción. Vida entre especies compañeras, CCCB, Barcelona. Junio – noviembre de 2021)









