Resumen
Marisa González conversa con Rosa Olivares sobre su trayectoria pionera en el arte tecnológico y feminista desde los años 70, destacando su formación en EE. UU. y la falta de reconocimiento institucional en España hacia las artes visuales vinculadas a las nuevas tecnologías. Reflexiona sobre la fragilidad de las obras digitales frente a la durabilidad de técnicas tradicionales, cuestiona la escasa valoración del arte tecnológico en el mercado, y defiende el uso de herramientas como la IA aplicadas a la creación.
Llego al estudio de Marisa González, en una las zonas más agradables de Madrid, después de que un equipo de televisión salga de hacerle una entrevista, le dediquen un tiempo muy valioso para hablar de una obra que pocos conocen fuera del mundo del arte. Pero en estos últimos días, semanas, su cara, su obra y su palabra están presentes en todos los medios, escritos y audiovisuales, entrevistas, reportajes, información: visibilidad. Algo que una artista de su estilo tiene muy difícil conseguir. Cosas del arte más actual. Marisa González está viviendo, a sus 81 años (nació en Bilbao un 18 de julio), un momento dulce, la celebración del reconocimiento institucional y de todo un sector, que se le habían negado hasta 2022, año en el que se le concede el Premio Velázquez, del que esta exposición en el Reina Sofía —que se puede visitar desde el pasado 20 de mayo hasta el mes de septiembre— es una de las consecuencias. Pero Marisa González no es una desconocida en el mundo del arte, ni en España, ni fuera de España. Desde su época de estudiante, siempre ha sido una persona hiperactiva, involucrada en luchas sociales, con una gran actividad social y gremial. Una figura siempre presente en exposiciones y actividades culturales y, sobre todo, una artista pionera en la creación artística a través de las nuevas tecnologías. Pionera y destacada, exponiendo y participando en todo tipo de eventos por todo el mundo. Incansable y coherente con ella misma durante toda una vida, dedicada al arte con pasión y minuciosidad.
Su estudio, una casa grande y posiblemente señorial, está ocupada en su totalidad, y eso incluye suelo, mesas, sillas, paredes, por todo un mundo de imágenes, papeles, frutas, cosas, piedras, conchas, más papeles, más obras, fotos, en definitiva, de todo su mundo. Hemos hablado después de la tormenta de datos, de imágenes y de información que una exposición como la suya desata en los medios, así que cualquiera que lea esto ya tiene que saber, si no todo, mucho sobre ella y su obra.…
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