Resumen
Hasta el 28 de septiembre el Getty Museum de Los Angeles, presenta Queer Lens: A History of Photography, una exposición que aborda el papel central de la fotografía en la visibilización y afirmación de la complejidad de las identidades que conforman la comunidad LGTBIQ+, poniendo en foco en los procesos de resignificación que han transformado tanto los significados e implicaciones de la palabra queer, como las imágenes que históricamente han buscado representarla.
El lenguaje hiere, censura y moldea el poder en nuestras sociedades. Ya sea textual, visual, sonoro o de cualquier tipo, es la herramienta perfecta para construir realidades políticas y sociales que, con frecuencia, vulneran a quienes se refieren. Modificar el sentido de las palabras, o la perspectiva desde la que interpretamos las imágenes, es una forma de disputar ese poder: cuando cambiamos lo que significan, cambiamos también lo que pueden hacer. La apropiación y resignificación de lo existente tiene el propósito de hacer que la realidad nos hable de otro modo, que nos atraviese con nuevos significados y percepciones. Esto nos convierte a quienes usamos las palabras, y demás lenguajes, en agentes activos en la construcción de otras formas de entender el mundo y relacionarnos. A lo largo de los últimos años el término queer se ha transformado profundamente, como también lo han hecho las imágenes que, desde antes incluso de que se inventara la fotografía, han retratado a la comunidad LGTBIQ+. Estas transformaciones reflejan cambios sociales, políticos y culturales tanto dentro como fuera de la propia comunidad, y subrayan el poder de la resignificación como herramienta de acción.
La exposición que desde el 17 de junio presenta el Getty Museum de Los Angeles, Queer Lens: A History of Photography, aborda el papel central de la fotografía en la visibilización y afirmación de la complejidad de las identidades que conforman la comunidad LGTBIQ+, poniendo en foco en los procesos de resignificación que han transformado tanto los significados e implicaciones de la palabra queer como las imágenes que históricamente han buscado representarla. Se trata de la primera gran exposición en EEUU dedicada a este tema: casi trescientas obras, entre las que se incluyen fotografías, prints vintage, libros, revistas y diferentes objetos y documentos, producidas a lo largo de casi doscientos años.

La selección de obras —fruto de cerca de seis años de trabajo del curador de fotografía del museo, Paul Martineau— no se restringe al arco temporal del término queer, ni siquiera a los orígenes técnicos de la fotografía en 1839, sino que abarca desde lo pre-fotográfico hasta lo post-fotográfico, siendo la pieza más antigua una obra que data de alrededor de 1810, y la más reciente una imagen generada por inteligencia artificial en 2024. Así, además de trazar una historia visual, Queer Lens propone una lectura crítica de la identidad y la representación, en diálogo constante con los procesos de resignificación que configuran nuestro presente.

De ser un insulto utilizado de forma peyorativa a finales del siglo XIX y buena parte del XX, el término queer es hoy una bandera de identidad y resistencia. Durante los años 80, frente a la crisis del SIDA y la inacción gubernamental, los activistas comenzaron a reapropiarse de la palabra, y colectivos como Queer Nation lo usaron con orgullo para desafiar tanto la homofobia como los límites de las identidades LGTB convencionales. En los 90 empezó a circular como un término incluyente y disruptivo, que rechaza las categorías fijas de identidad sexual y de género. Pasó a englobar no sólo a las personas homosexuales, sino a todas aquellas cuyas existencias disienten de la norma heterocis. En la academia se consolidó como una herramienta crítica a través de la teoría queer, con autoras clave como Judith Butler y Eve Kosofsky Sedgwick. Hoy, queer nombra una identidad amplia, abraza múltiples orientaciones y expresiones de género, y cuestiona el pensamiento binario en su conjunto. Como dijo bell hooks, y como reza la entrada que abre el catálogo de la exposición: “queer en el sentido del yo que está en conflicto con todo lo que le rodea y tiene que inventar, crear y encontrar un lugar para hablar, prosperar y vivir”.
Queer Lens es pues una exposición de historia del arte pero también un recorrido por la historia social, en la que imágenes tomadas por artistas consagrados conviven con obras de autores no tan conocidos e incluso anónimos que, a lo largo del tiempo, han contribuido a expandir y ampliar el canon establecido. Las fotografías presentadas ofrecen un retrato multifacético, que incluye desde imágenes vernaculares y retratos de celebridades, hasta documentación del activismo LGTBIQ+, fotografías publicitarias, eróticas, de espectáculos y marchas reivindicativas. Distribuidas por las salas bajo los epígrafes Cultura homosocial y amistades románticas (1810-1868), Lenguaje e identidad (1869-1919), Panzy Craze (la locura mariquita) (1920-1934), Ocultarse a la vista de todos (1935-1949), El auge del movimiento de Liberación Gay (1950-1980), La crisis del SIDA (1981-1996), Las cosas son queer (1996-2014), El futuro es queer (2015-2025), y Amigos de Dorothy, la muestra busca trazar un relato complejo y plural. Como señala Martineau, se espera aportar conocimiento y ampliar la comprensión sobre la diversidad y la relevancia de las contribuciones de la comunidad LGTBIQ+, aprovechando la visibilidad y el alcance del Getty Museum.
Entre las más de 270 piezas que conforman la exposición, algunas representan un hito, mientras que otras destacan por su singularidad. La obra más antigua incluida en Queer Lens no es en realidad una fotografía, no fue creada con una lente, sino que se trata de una silueta que rinde homenaje al matrimonio entre Sylvia Drake y Charity Bryant. Estas dos mujeres vivieron juntas y dirigieron un negocio de sastrería en Weybridge, Vermont, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, y su unión, que duró 44 años, fue reconocida y aceptada por sus vecinos, un hecho notable para la época. En la imagen sus siluetas aparecen unidas por una trenza, símbolo de su amor y de la relación que mantuvieron. Resulta importante reflexionar sobre cómo muchos de los trabajos que, durante años, contribuyeron a configurar la idea de lo queer fueron destruidos, en ocasiones como parte de programas gubernamentales destinados a borrar estas historias, en otras, por decisión de las propias familias o incluso de las personas retratadas, que preferían no dejar registros de sus vidas. Este contexto resalta aún más el valor de preservar y exhibir estas piezas. En el caso particular de esta obra, no fue hasta su exposición en 2018 en la National Portrait Gallery del Smithsonian que cobró la relevancia que merece.
Hoy, podemos sentir el orgullo de haber reclamado y resignificado el término queer, y de haberlo convertido en un símbolo de identidad, resistencia y libertad expansiva
Otro de los grandes hitos de la exposición es la presencia de la obra Cristian en el «Amor de Calle«, de 2024, del artista queer costarricense Matías Sauter Morera. Se trata de la primera fotografía realizada con IA adquirida por el Getty Museum, incorporada recientemente a su colección, “no sólo por el uso de inteligencia artificial, sino también con el objetivo de ampliar sus colecciones de artistas LGTBIQ+ y de origen latinoamericano”, tal y como enfatiza Martineau.


Así, imágenes y palabras en cuanto organismos vivos, que respiran, se transforman y resisten, tienen un poder que radica no solo en nombrar, sino en abrir espacios para existir de tantas maneras como personas somos. Hoy, podemos sentir el orgullo de haber reclamado y resignificado un término tan complejo y, en un momento peyorativo, como queer, y de haberlo convertido en un símbolo de identidad, resistencia y libertad expansiva. Frente a los ataques persistentes de figuras como Trump, Orbán y Milei, por citar unas pocas, y las políticas que buscan borrar y silenciar a las personas LGTBIQ+, reflejo de estructuras de poder que temen la diversidad y buscan contenerla, la lucha colectiva ha sido y es una necesidad. Lo que empezó con el levantamiento de Stonewall en 1969 y se hace visible cada 28 de junio a lo largo del mundo —en marchas cada vez más masivas, como la de este año en Budapest—, es el reflejo de una sociedad plural y valiente que no está dispuesta a renunciar a su libertad.
(Queer Lens: A History of Photography, Getty Museum, Los Angeles. Hasta el 28 de septiembre de 2025)

