El pasado 20 de abril se abrió al público la 60ª edición de la cita más destacada del panorama artístico contemporáneo internacional, la Bienal de Venecia. Bajo el lema de la descolonización cultural, el comisario de la exposición principal, el brasileño Adriano Pedrosa (director artístico del Museu de Arte de São Paulo), anunciaba el pasado 1 de febrero la selección de 331 artistas y colectivos procedentes de 80 países, muchos de ellos casi desconocidos y procedentes del sur global. Abiertamente política, Stranieri Ovunque – Foreigners Everywhere (que toma el título de una obra del colectivo conceptual francés Claire Fontaine) revisa la narrativa artística dominante y celebra a los extranjeros, a las identidades marginadas y a la diversidad sexual que ha sido históricamente excluida en el contexto del arte contemporáneo global. Mientras que el propio Pedrosa es el primer comisario de la Bienal abiertamente queer y procedente del sur global, los artistas elegidos exploran, a través de diversas disciplinas, cuestiones de identidad, migración y resistencia, reflejando la urgencia y relevancia de estos temas en el contexto actual, y abriendo el debate sobre la función del arte en la sociedad y su potencial para influir y reflejar cambios sociales y culturales.
En la exposición, dos elementos destacan sobre el resto: en primer lugar, el textil, medio que exploran diversos artistas y que pone en valor la artesanía, la tradición y lo “forastero” en el ámbito más amplio de las bellas artes, y en segundo lugar la familia de artistas (muchos de ellos son indígenas, emparentados por sangre o matrimonio, con la resultante transmisión de conocimientos de padres a hijos). Además de la sección de artistas contemporáneos, el Núcleo Histórico reúne a creadores del siglo XX de América Latina, África, Oriente Medio y Asia con el fin de cuestionar la definición de modernismo, tradicionalmente representado por artistas europeos o estadounidenses. El apartado Portraits and Abstractions, en el pabellón central de los Giardini, y el de Italians Everywhere, en la Corderie dell’Arsenale, descubren un inventario de artistas prácticamente desconocidos con los que se quiere reivindicar la importancia de los modernismos del sur global.
Además, 87 naciones ocuparán los pabellones históricos en los Giardini, el Arsenale y el centro de la ciudad de Venecia. Benín, Etiopía, la República Democrática de Timor-Oriental y Tanzania han sido invitados a participar, y Panamá y Senegal tendrán por primera vez su propio pabellón.
Descolonización de la cultura
Muchas de las propuestas de esta edición están llevando a la práctica los principios de la descolonización cultural que tanto está dando que hablar últimamente. Empezando por lo más cercano, el pabellón de España está representado este año por Sandra Gamarra (Lima, 1972), primera artista no nacida en España seleccionada para representar al país en la Bienal. Su proyecto Pinacoteca Migrante, curado por Agustín Pérez Rubio, busca redefinir críticamente la narrativa histórica tradicional occidental y poner en evidencia el legado colonial en la cultura española actual. La propuesta consiste en un museo alternativo imaginario conformado por cuadros históricos de artistas del periodo que va del Imperio a la Ilustración, como Velázquez, Murillo o Zurbarán, procedentes de las colecciones españolas (conservados en el Museo del Prado, el Museo de América, el MNAC de Barcelona, el Museo Militar de Toledo o la colección Thyssen-Bornemisza, entre otros), y que han sido reinterpretados por la artista para incorporar ausencias imperdonables, como figuras y escenas históricas indígenas (latinoamericanas y filipinas), obviadas en las representaciones de aquellos artistas del periodo colonial. Promoviendo un diálogo sobre la restitución cultural y la memoria histórica, las escenas se acompañan de citas de pensadoras ecofeministas, como Françoise Vergès, Yayo Herrero o Paul B. Preciado:
El cuerpo trans es a la heterosexualidad normativa lo que Palestina es a Occidente, una colonia cuya extensión y forma se perpetúa únicamente a través de la violencia.
Paul B. Preciado

Uno de los aspectos más destacados de esta edición es la transformación del pabellón central de los Giardini. El colectivo amazónico MAHKU (formado por artistas de cultura huni kuin, en la frontera entre Brasil y Perú) ha reemplazado el blanco nuclear y la estética neoclásica del edificio por motivos vibrantes y coloristas que representan la fauna y la flora de la Amazonia, simbolizando la riqueza y complejidad de esta región y sus culturas. Este cambio no solo es visual, sino que también representa un desafío a las prácticas artísticas tradicionales y a las políticas de representación en los espacios de arte global.

Con sus ficciones decoloniales, Paseo y Descanso, el colombiano Iván Argote realiza un “anti-monumento”. Mientras que la primera narra un supuesto traslado por Madrid de un monumento a Colón, la segunda se concibe como un territorio de descanso de este legado colonial y violento, una invitación a dejar atrás heroísmos anacrónicos que celebran la violencia ejercida sobre diferentes pueblos», en palabras del artista. «Como artista colombiano, esta instalación tiene un simbolismo especial para mí. Colombia etimológicamente significa «la tierra de Colón»» continúa Argote.
Nigeria está destacando especialmente en esta edición. Karimah Ashadu (Londres, 1985), que vive entre Hamburgo y Lagos, Nigeria, ha recibido el León de Plata para una joven promesa por su escultura de bronce Wreath y su vídeo Machine Boys (retrato de una banda de motoristas que ofrecen servicios de taxi prohibidos por el gobierno). Ambas obras han sido premiadas por el jurado, que ha considerado que «anulan las suposiciones de género sobre la mirada y lo que se considera apropiado conmemorar».
Del mapa a la sala de arte
Siendo como pretende ser esta edición de la Bienal un reflejo de la realidad contemporánea, con sus complejas cuestiones políticas y sociales, los conflictos geopolíticos actuales no pueden sino trascender las fronteras y trasladarse a la sala de exposiciones. En este sentido puede leerse la videoinstalación de mapas de la marroquí Bouchra Khalili, que invita a los migrantes a incluir los recorridos que los llevó a exiliarse.
Sin embargo, el protagonismo aquí se lo lleva del pabellón judío. Uno de los hitos de esta edición está siendo la polémica participación de Israel. Si bien una buena parte del sector del arte internacional lleva pidiendo desde febrero (después de meses de matanzas indiscriminadas de Israel hacia el pueblo palestino) la abstención de Israel en la Bienal (petición que ha acabado conduciendo a la formación de la plataforma ANGA —Art Not Genocide Alliance—), finalmente ha sido la propia artista representante del pabellón la que ha tomado cartas en el asunto.
El pasado 16 de abril, Ruth Patir, junto con las comisarias del pabellón, suspendió la inauguración del pabellón (donde la exposición estaba completamente montada), cerrando las puertas del recinto y condicionando la apertura de la exposición a la obtención de “un alto al fuego y la liberación de rehenes” en medio del conflicto en Oriente Próximo. Patir justificó esta decisión, que no había sido comunicada previamente al gobierno israelí, explicando el uso de esta plataforma para alzar la voz en apoyo a quienes demandan paz y la liberación de rehenes. Mientras tanto, manifestaciones organizadas por la plataforma ANGA piden no instrumentalizar el arte y detener este gesto “vacío y oportunista” que solo le asegura gran cobertura de prensa al pabellón de Israel. Y, aunque Palestina no participe como tal, individualmente (no está reconocida como Estado por Italia), varios artistas palestinos están representados en la exposición principal curada por Pedrosa. Además, hay varias referencias por toda la Bienal, entre las que cabe destacar la videoinstalación de Daniela Ortiz, The Brightness of Greedy Europe (2022), dentro del conjunto de los Disobedience Archives.

Otro de los hitos ha sido la sorprendente participación del Vaticano, comisariada por Chiara Parisi (directora del Centro Pompidou de Metz) y Bruno Racine (expresidente de diversas instituciones francesas, entre las que se encuentra la Biblioteca Nacional de Francia). La exposición, que se desarrolla en la prisión para mujeres de la isla de la Giudecca, tiene como uno de sus artistas representantes a Maurizio Cattelan, quien realizara en 1999 una escultura hiperrealista del Papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito. Según el ministro de Cultura del Vaticano, el cardenal José Tolentino de Mendonca, no quieren evitar artistas polémicos o críticos con la Iglesia porque “El Papa Francisco nos llama al diálogo. El diálogo no es sólo con las personas que son espejos de nosotros mismos”. La obra de Cattelan consiste en un par de pies desnudos pintados en la fachada de la capilla de la iglesia. Además, otras piezas de Simone Fattal, Corita Kent, Claire Tabouret, Claire Fontaine o Marco Perego componen el cartel de artistas, que han colaborado estrechamente con las propias reclusas (ellas serán las encargadas de hacer las visitas al público, en cuatro turnos diarios). El Papa Francisco visitará la exposición el próximo 28 de abril.
La referencia a la inteligencia artificial no falta en esta edición de la Bienal. En la exposición Liminal, en la Punta della Dogana, el francés Pierre Huyghe ha trabajado diversas instalaciones que hacen referencia a la IA y a la evolución no humana, fomentando el diálogo y las afinidades entre entidades biológicas, químicas y tecnológicas sin intervención humana, y abordando la relación entre cibernética, neurociencia, ciencia ficción, filosofía y fantasía. El ser humano ya no ocupa el lugar privilegiado que le había correspondido hasta hace bien poco.
Los premiados
Los mejores premios han recaído este año en artistas indígenas. Además de la citada Karimah Ashadu, el León de Oro al mejor pabellón nacional ha sido entregado a Archie Moore, representante de Australia, que con kith and kin presenta un árbol genealógico, realizado durante varios meses a mano y con tiza, que explora las Primeras Naciones de Australia y la huella de la colonización; la ascendencia kamilaroi, bigambal y británica de las poblaciones australianas, que se remonta a 65.000 años de historia, queda ahora bien visible, blanco sobre negro, en las paredes oscuras del pabellón.
Por su parte, el premio al mejor artista ha sido concedido al colectivo de mujeres maoríes Mataaho, formado por Bridget Reweti, Erena Baker, Sarah Hudson y Terri Te Tau, y que con Takapau han creado una estructura de cinturones entrelazados que atraviesan el espacio de la sala, “haciendo referencia a las tradiciones matrilineales de los textiles, con su cuna en forma de útero”.
Los mejores premios han recaído este año en artistas indígenas
La República de Kosovo ha recibido una Mención Especial como Participación Nacional, con una obra que “se refiere al trabajo industrial feminizado y al desgaste de los cuerpos de las mujeres trabajadoras». Y dos menciones especiales han ido a la estadounidense-palestina Samia Halaby y a la argentina La Chola Poblete. Además, el León de Oro a la Trayectoria ha sido concedido a la turca nacida en Egipto y residente en París Nil Yalter (El Cairo, Egipto, 1938), quien lideró el movimiento artístico feminista francés en los setenta, y a la italo-brasileña Anna Maria Maiolino (Scalea, Italia, 1942), que ha trabajado sobre distintos temas, como el cuerpo, la digestión o la transformación.
La 60ª Bienal de Venecia está marcando un punto de inflexión en la manera en que se curan y se presentan las artes visuales a nivel internacional. Con un enfoque en la inclusión de voces y perspectivas frecuentemente marginadas, esta edición está desafiando las estructuras establecidas del mundo del arte y proponiendo nuevas formas de pensar y ver el arte contemporáneo. La Bienal no es solo un espectáculo artístico, sino también un espacio de diálogo crítico y transformación cultural, que destaca la importancia de reexaminar y reformular continuamente las prácticas artísticas y curatoriales en respuesta a los desafíos globales contemporáneos.
(60ª Bienal de Venecia, Giardini y Arsenale, Venecia. Hasta el 24 de noviembre de 2024)




