Resumen
En el último Sillón de Voltaire del año hacemos un recorrido por los temas clave, los proyectos más destacados y los desafíos que han definido el sector editorial en 2025, de la mano de escritores, editores, librerías y otros agentes imprescindibles: Júlia Peró, Jorge Carrión, Carlos Rod, Almudena Amador y Pep Olona.
Para cerrar este 2025, proponemos detenernos en la producción editorial del año que, como en 2024, vuelve a mostrarse vibrante y diversa, marcada por títulos, tendencias y proyectos independientes que revelan con claridad las preocupaciones intelectuales del momento. Para entenderla mejor, conversamos con cinco voces representativas del sector: Júlia Peró, Carlos Rod, Jorge Carrión, Almudena Amador y Pep Olona. De los libros más significativos del año a las líneas conceptuales que han guiado las programaciones editoriales, pasando por el papel cambiante de la crítica literaria, las ferias, los festivales y las nuevas vías de difusión, les hemos pedido que reflexionen sobre el presente y el futuro del sector. Aunque sus perfiles poliédricos los situarían con naturalidad en varias categorías a la vez, responden desde los roles que mejor representan su relación con el ámbito editorial.
| JÚLIA PERÓ
Júlia Peró (Barcelona, 1995) es escritora, dirige el club de lectura online Libros crujientes, que cuenta con cinco grupos de lectura, e imparte el taller de escritura sensorial Oler una voz. Es autora de varios libros de poemas y de la novela Olor a hormiga (Reservoir Books, 2024), que recibió el premio Nollegiu 2024, fue ganadora de la 38ª edición del Festival du premier roman de Chambéry, fue nominada a los Premios Openbank de Literatura de Vanity Fair en la categoría de Mejor autora revelación, fue seleccionada como una de las mejores novelas del año por Librotea, Esquire, Cadena Ser o La Sexta y está siendo traducida al turco. Actualmente trabaja en su segundo poemario y segunda novela.

1. El panorama editorial cultural suele ser un fiel reflejo de los intereses y corrientes de
pensamiento de cada momento. Tras un año intenso de publicaciones, ¿qué cuatro títulos
(de cualquier género) publicados en 2025 destacarías?
Aun considerando que una sola lectora apenas puede rozar la inabarcable oferta editorial de un año y que por ello dejará fuera obras seguro maravillosas, me permito destacar con mucha seguridad Calabobos de Luis Mario, Han cantado bingo de Lana Corujo, Hasta aquí todo va bien de Estela Sanchis y la traducción al español de Manual para la obediencia de Sarah Bernstein.

2. Más allá de las publicaciones individuales, analizar la agenda de las editoriales durante 2025 permite entender cómo se está moldeando el sector a nivel conceptual y comercial. ¿Podrías identificar algunos temas o enfoques que hayan sido centrales en las líneas editoriales este año?
Como lectora egoísta y selectiva que soy, tengo la impresión de que lo que está moldeando el sector no necesariamente coincide con lo que me está moldeando a mí, y mi agenda editorial interior, mis intereses literarios del momento o la obsesiones que dan de comer a mi propia escritura pueden no reflejar aquello que más ha interesado a nivel general. Pero sí he percibido una fuerte tendencia a mirar hacia el interior del ser humano, un intento de explorar sus contradicciones, sus traumas, de cuestionar o averiguar su identidad, un afán por revisar su herencia, su memoria olvidada. Búsquedas que se manifiestan mediante ficciones menos realistas —distopías, realismo mágico, experimentaciones narrativas— y, contradictoriamente, todo ello también mediante ficciones más realistas —violencia cotidiana, injusticias sociales, corrupciones morales.
Ah, y siento que la naturaleza también ha estado muy presente en la escritura de muchas.
3. En el plano personal, al margen de las tendencias, ¿qué temas te han interesado especialmente en 2025? ¿Qué destacarías de la manera en que están siendo abordados? ¿Algún autor o autora a quien no perder de vista?
Mi experiencia lectora siempre está condicionada por mi experiencia como escritora, así que la mayoría de mis lecturas son escogidas respondiendo a mis obsesiones literarias: la identidad, la intimidad, el cuerpo… y cuán extraños se vuelven estos elementos cuando nos sabemos en soledad.

Últimamente, además, estoy investigando mucho sobre literatura sensorial, antiocularcentrista. Me atraen esas escrituras que intentan evitar la jerarquía de los sentidos, que se resisten a dar privilegios a la vista por encima del gusto, el tacto, el oído o el olfato. Acerca de estas cuestiones, me ha llamado mucho la atención el trabajo de Remedios Zafra, de Jenny Hval, de Chelsea G. Summers, de Elaine Vilar Madruga, de Ottessa Moshfegh, de Małgorzata Lebda, entre otras.
Y, como tantas otras autoras, estoy muy obsesionada con la figura de mi madre, así que leo mucho sobre la madre de otras. Destaco los textos de Delphine de Vigan, de Annie Ernaux, de María Negroni, de Tatiana Țîbuleac, de Mónica Ojeda, de Katixa Agirre, de Vivian Gornick…
4. Vemos que cada año son más los proyectos independientes que surgen o se consolidan, proyectos que buscan diversificar voces y enfoques, y que promueven nuevas maneras de hacer en el sector. ¿Qué proyecto editorial recomendarías seguir de cerca y por qué?
Recomiendo echar un ojo —o ambos— a la Editorial Mapa. El catálogo es maravilloso, la selección que hacen de los títulos es inteligente y cariñosa y desprenden un criterio editorial que parece atravesado por la sensibilidad y la coherencia. Y no hay que olvidarse del diseño editorial, que en su caso responde a una apuesta estética con mucho sentido y a un riesgo poco frecuente entre las editoriales más grandes y consolidadas. Tienen muy claro lo que hacen, y lo que hacen lo hacen bien.
De esta editorial destaco La solicitante por encima de todos, pero también me gustaron Los kodokusha y Anna Thalberg. Aunque tengo muy pendiente leer Dientes de leche, La singularidad y En el límite del bosque, que intuyo igual de potentes.
5. La relación entre autores, editores y lectores está en constante transformación, con nuevas formas de difusión y espacios de crítica (clubes de lectura, podcasts, redes sociales…) que influyen en cómo nos relacionamos con los libros. ¿Cómo definirías la crítica literaria actual? ¿Cuáles dirías que son hoy las principales vías de difusión literaria?
Afortunadamente, los espacios de crítica literaria se han diversificado. Ya no responden, al menos no siempre, a la figura del crítico snob —casi siempre masculina— al que se le ha permitido durante décadas la crueldad y la inflexibilidad como signos de autoridad e inteligencia literaria. Al fin y al cabo, los estándares literarios han sido definidos históricamente por un canon que responde asimismo a una cultura y voz privilegiada. A todo el mundo le enfadó mucho que le concedieran el Nobel a Han Kang, y probablemente ese «todo el mundo» no sea lector habitual de literatura coreana, y es posible que su estilo narrativo, su ritmo o su mirada no coincidan con sus nociones preconcebidas de lo que constituye «calidad literaria». No es casualidad que los «grandes clásicos» sean mayoritariamente masculinos ni que Cumbres borrascosas sea recordada como «la historia de la mayor relación de amor de la literatura», obviando así que Emily Brontë fue precursora de símbolos, recursos y estructuras narrativas que más tarde se celebrarían en autores masculinos.
«Pagad justamente a las autoras y escribirán los mejores libros. Sin buenos libros, no hay feria que valga» (Júlia Peró)
La voz de la crítica ha sido y sigue siendo profundamente misógina. Hay más lectoras que lectores en el mundo, pero hay más críticos que críticas. Quizá se deba a que a nosotras se nos ha educado para escuchar antes que para hablar, para entender antes que para opinar, mientras que a ellos se les ha alentado a expresar una opinión incluso cuando carecen del conocimiento necesario para sostenerla.
Los clubes de lectura han ayudado mucho. Y no es casualidad que la mayoría estén gestionados por mujeres. Hay algo profundamente masculino en la creencia de que la mirada de la otra no puede aportarte nada, que con la propia es suficiente. En los dos años que llevo coordinando clubes, he comprobado que leer un libro en comunidad lo amplía, lo expande. Que hasta la lectora menos atenta a los detalles literarios puede ayudarte a fijarte en otros que tú no valorabas tanto. A mí me parece estupendo que los clubes, Goodreads o las redes sociales se llenen de libros. No deja de ser el boca a boca de toda la vida, y da visibilidad a libros, miradas y realidades fundamentales que, sin una red de apoyo y difusión colectiva, tal vez nunca conoceríamos.
En resumen: desconfía del lector macho que pone una o dos estrellas a la mayoría de sus lecturas en Goodreads. Quizá su problema no sea que no le gustan los libros que lee. Quizá su problema sea que lo no le gusta, en realidad, es leer.

6. En 2025, ferias y festivales han seguido consolidándose como espacios estratégicos para visibilizar novedades editoriales, promover el consumo literario y conectar agentes del sector. ¿Hacia dónde crees que se dirige el sector y, más importante aún, hacia dónde te gustaría que se dirigiera? ¿Consideras que la proliferación de estos eventos aporta un valor añadido o que, en algún punto, podría llegar a ser contraproducente?
De las ferias y los festivales, lo que me interesa especialmente es que son una oportunidad para que las autoras y autores cobren por su trabajo. Es prácticamente imposible vivir de lo que una escribe. El sector literario es vergonzosamente precario. Las ferias y festivales dan de comer a muchas autoras: les permiten el espacio económico y por lo tanto temporal de la escritura. ¿Hacia dónde me gustaría que se dirigiera el sector? Francamente, me da igual. Lo que realmente me importa es que se nos pague bien en todos los eventos a los que asistamos. Pagad justamente a las autoras y escribirán los mejores libros. Sin buenos libros, no hay feria que valga.
7. En tu opinión, ¿qué ha de tener un proyecto del sector editorial cultural para sobrevivir —ya sea un sello, una feria, una revista, una librería…—? ¿Qué factores podrían hacer que no lo consiguiera? ¿Qué futuro auguras a los muchos proyectos que están surgiendo en los últimos años?
La capacidad de escuchar me parece imprescindible. De escuchar y de ser un altavoz para nuevas voces, para voces silenciadas históricamente. Con ello no solo se consiguen nuevas tramas, historias desconocidas, sino también nuevos estilos narrativos, escrituras transgresoras, rompedoras, extrañas e incómodas a las que no estamos habituadas. Si seguimos dando voz a los mismos relatos, la literatura se estanca.
8. Si pudieras derribar una “regla no escrita” del sector, ¿cuál sería y por qué?
Estamos muy habituadas a la figura de la autora promotora. A que la autora pase seis meses escribiendo y otros seis promocionando lo que ha escrito. Sin querer, agotamos a las autoras, a quienes —en la mayoría de los casos— lo que verdaderamente les interesa es encerrarse a escribir, no hablar sin pausa sobre lo que ya han dicho en sus libros. Los libros, en realidad, deben hablar por si solos.
9. Y ya por último, ¿qué libro (de cualquier época) crees que todo el mundo debería leer al menos una vez?
Ya que lo he mencionado anteriormente, recomiendo encarecidamente leer —o releer con nuevos ojos— Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Y si esa tarea ya ha sido cumplida, estoy convencida de que seríamos mejores personas si todas hubiésemos leído Hermanito de Ibrahima Balde y Amets Arzallus Antia.
| CARLOS ROD (Editorial La uÑa RoTa)
Carlos Rod (Segovia, 1972) es cofundador y director de la editorial La uÑa RoTa, cuyo catálogo combina obra de autores contemporáneos —varios de ellos ganadores de Premios Nacionales como Juan Mayorga, Angélica Liddell o Ángela Segovia— con textos inéditos de autores considerados ya clásicos, de teatro, poesía, ensayo y narrativa, como Samuel Beckett, Thomas Bernhard, Georges Perec, George Eliot, Vladimir Nabokov, Luigi Pirandello o Bertolt Brecht. «Por su dedicación constante, perseverancia, originalidad y su apuesta por la edición de gran calidad con un catálogo que es testimonio de su espíritu exigente y uno de los ejemplos más valiosos del panorama editorial independiente», este año 2025, La uÑa RoTa ha obtenido el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural. Rod ha sido nombrado académico de número en la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce recientemente.

1. El panorama editorial cultural suele ser un fiel reflejo de los intereses y corrientes de
pensamiento de cada momento. Tras un año intenso de publicaciones, ¿qué cuatro títulos
(de cualquier género) publicados en 2025 destacarías?
- La servidumbre de los protocolos, de Ingrid Guardiola (Arcadia)
- Historias de Gaza, de Mikel Ayestaran (Península)
- En tu piscina de esmeraldas calculé y lloré, de María García Díaz (Ultramarinos)
- Silent Jenny, de Mathieu Bablet, traducido por Lorenzo F. Díaz (Nuevo Nueve)

2. Más allá de las publicaciones individuales, analizar la agenda de las editoriales durante 2025 permite entender cómo se está moldeando el sector a nivel conceptual y comercial. ¿Podrías identificar algunos temas o enfoques que hayan sido centrales en las líneas editoriales este año?
Por un lado, observo, sobre todo cuando visito librerías, que hay una uniformidad creciente en novedades, especialmente relativas a la ficción, que, por así decir, cumplen el sota-caballo-rey de la baraja: es decir, lo previsible tanto en contenidos como en formas de narrar, de contar. En comparación, son pocas las editoriales, y acaso sobre todo aquellas que cultivan géneros como la poesía, el teatro, el ensayo y el cómic (diría, creo, que en menor medida en la novela), que están apostando (no estoy seguro de que en este contexto sea «apostar» el término adecuado) por voces que exploran un lenguaje disidente, por obras que no encajan, a priori, en el molde comercial (aunque al mismo tiempo quizás esto sirva como una manera más de destacar en un mercado actual saturado de novedades).
Por otro lado, y al mismo tiempo, una buena noticia: si rascamos más allá de ciertas pilas de novedades, aún se publican textos que se oponen a una imaginación dominante, que saben dialogar con este presente tan ambiguo y caótico, así como con el incierto pasado (Mayorga dice que «nadie sabe el pasado que le espera») y el posible futuro: medio ambiente, identidad, salud mental, injusticia y desigualdades sociales. Aunque también tal vez haya una línea de publicaciones que redundan en temas de actualidad y se aprovechan de un presunto interés de los lectores por lo urgente y lo comprometido, y convierten en moda problemáticas y conflictos políticos, saturando el mercado de más de lo mismo.
También destacaría que un género marginal como el teatro va ganando terreno, despacio, sí, pero ahí va, con una mínima presencia, que no es poco, en las listas de títulos del año y cada vez más en algunas librerías. Aún le falta mucho, sin duda, para ser considerado un género, llamémoslo, “normalizado”, o “aceptado” como discurso literario.
Brevemente, añadiría otra tendencia: los títulos de géneros híbridos, o de aquellos libros inclasificables. Y esto me parece una buena noticia.
3. En el plano personal, al margen de las tendencias, ¿qué temas te han interesado especialmente en 2025? ¿Qué destacarías de la manera en que están siendo abordados? ¿Algún autor o autora a quien no perder de vista?
Lo que me ha interesado especialmente en 2025 es todo aquello que interroga el lenguaje y, por medio del cuestionamiento de la frase, la lucha de clases, la memoria, la identidad y la herencia emocional y cultural. Me atraen los textos que no se conforman con narrar, sino que buscan sacudir e incomodar, y si además por momentos te hace reír, ya ni te cuento.
Yo no perdería de vista la obra en marcha de Ángela Segovia, Angélica Liddell, Kate Zambreno, Juan Mayorga, María Velasco, Luz Pichel, Rodrigo García, Camila Cañeque, Lupe Gómez…, si me limito a nombrar algunas voces —evidentemente, mencionaría muchas más— de nuestro catálogo. Otros nombres cuya obra sigo de cerca: la de Valentín Roma, Belén Gopegui, Javier Cárdenas, Catherine Lacey, Xavier Nueno, Damián Tabarovsky, Natalia Carrero, Ben Clark, Paul B. Preciado, Zurita… Desde luego, haberlos, haylos. Y esto solo si mencionamos a personas vivas.
4. Vemos que cada año son más los proyectos independientes que surgen o se consolidan, proyectos que buscan diversificar voces y enfoques, y que promueven nuevas maneras de hacer en el sector. ¿Qué proyecto editorial recomendarías seguir de cerca y por qué?
Una editorial que sigo de cerca es Wonder Ponder, editorial de literatura y filosofía infantil. Me interesa sobre todo por cómo combinan proyectos culturales, pedagógicos —por medio de talleres y encuentros— y de pensamiento sobre, por ejemplo, la escuela o la muerte, y cómo organiza propuestas y juegos para imaginar el futuro.
5. La relación entre autores, editores y lectores está en constante transformación, con nuevas formas de difusión y espacios de crítica (clubes de lectura, podcasts, redes sociales…) que influyen en cómo nos relacionamos con los libros. ¿Cómo definirías la crítica literaria actual? ¿Cuáles dirías que son hoy las principales vías de difusión literaria?
Hoy la crítica literaria se encuentra en un momento complejo: muchas veces vacía de contenido y demasiado complaciente con los libros que reseña. Y si a esto se le añade la precariedad que afecta a la prensa cultural… Aunque, ojo, esta precariedad también se da en el sector editorial. En la crítica, salvo excepciones, abundan los elogios excesivos, las reseñas laudatorias que rara vez profundizan, y se percibe una distancia con los lectores que buscan reflexión y juicio sincero. Uno ya desconfía cuando en una crítica a un libro lee que es «una obra maestra». Es decir, otra más. ¿Cuántas obras maestras se publican cada semana? Pareciera que se hubieran agotado todas las fórmulas que antes funcionaban para influir en el criterio de los lectores a la hora de comprar un libro o tomarlo prestado de la biblioteca. Y como causa solo se me ocurre que la crítica tradicional ha perdido autoridad, además de interés. Cada vez hay menos preceptores de libros. La crítica se ha vuelto más un instrumento de marketing que un espacio de análisis, debate o diálogo.
«Aún se publican textos que se oponen a una imaginación dominante, que saben dialogar con este presente tan ambiguo y caótico, así como con el incierto pasado y el posible futuro» (Carlos Rod)
Y en el fondo laten estas otras preguntas: qué libros se escogen parar reseñar en los medios culturales; y, por tanto, cuáles se silencian, qué libros no tienen quien los reseñe. Dejo la pregunta abierta, aunque podría ensayar algunas respuestas, pues abre un debate, harina de otro costal, sobre lo que está y lo que no está. Es decir, de abrir este melón, hablaríamos del canon, o como diría el añorado Manuel Rodríguez Rivero, de «la construcción del relato que subyace a nuestro imaginario colectivo».
Por lo demás, y en relación con la última cuestión, tratamos de emplear vías de difusión como clubes de lectura, talleres, encuentros con autores, podcasts, ocupar espacios donde el libro sea motivo de conversación, y articule puntos de vista y tensiones, es decir, herramientas para pensarnos, ensayar respuestas a la pregunta de «quiénes somos», como diría Constantino Bértolo, por cierto, un gran crítico y pensador.
6. En 2025, ferias y festivales han seguido consolidándose como espacios estratégicos para visibilizar novedades editoriales, promover el consumo literario y conectar agentes del sector. ¿Hacia dónde crees que se dirige el sector y, más importante aún, hacia dónde te gustaría que se dirigiera? ¿Consideras que la proliferación de estos eventos aporta un valor añadido o que, en algún punto, podría llegar a ser contraproducente?
La proliferación de ferias podría señalar un síntoma a tener en cuenta: que la venta de libros se vuelve cada vez más estacionaria, que el grueso de compra de libros se concentra en periodos como el navideño, el Día del Libro, el periodo de ferias literarias, que en su mayor parte tienen lugar entre mayo y junio. Participar de un calendario saturado de eventos, ya sea en el ámbito nacional o internacional, parece que nos obliga a vivir en un presente continuo, donde cada feria exige novedades, presencia, velocidad y ruido en las redes sociales (la promoción es continua). ¿Recuperaremos la idea de que un libro necesita tiempo para circular y para ser leído? En el fondo de todo esto palpita el imperativo de visibilidad: quien no sale en la foto, no existe.
7. En tu opinión, ¿qué ha de tener un proyecto del sector editorial cultural para sobrevivir —ya sea un sello, una feria, una revista, una librería…—? ¿Qué factores podrían hacer que no lo consiguiera? ¿Qué futuro auguras a los muchos proyectos que están surgiendo en los últimos años?
Si me preguntas cuál es la fórmula del éxito, mi respuesta es: ni idea. Y Dios me libre de saberla. Vamos, que no entiendo de fórmulas en un sector, como el editorial, tan extraño y anómalo en tantos sentidos, sobre todo en el económico, en el que ciertos fenómenos como el archiconocido caso del súperventas El infinito en un junco, de Irene Vallejo, nadie, y cuando digo nadie es nadie, se esperaba.
En cualquier caso, trataré de ensayar una respuesta (disculpas si me extiendo un poco): para mí un proyecto del sector cultural habría de tener voz propia, un criterio, y también, qué remedio, valentía. Sus responsables habrían de preguntarse qué y cómo quieren actuar o intervenir dentro del mercado —si estamos de acuerdo en que el mercado lo ocupa todo—, ya te sitúes en un margen o en el centro; si editas o actúas, por ejemplo, en el mercado o para el mercado; si prefieres, por ejemplo, seguir modas o imitar lo que ya funciona por si suena la flauta, o en cambio construir un punto de vista y un propósito que te ayude a comprender «para qué, para quiénes hacemos esto que estamos haciendo». Hace falta tiempo, mucho tiempo (no nos engañemos, muchas nos autoexplotamos de lo lindo) y ser rápido; ser tenaz, una obstinación a prueba de bombas y de depresiones; creer con pertinacia en lo que haces, y al mismo tiempo ser flexible.


¿Qué más? Tener un ojo siempre puesto en la calculadora. Sin capital, sin liquidez no se sostiene ningún proyecto. Conocer por dentro cómo funciona el mecanismo del sector en el que nos movemos. Estar al tanto de sus trampas, de sus trampantojos, de los cantos de sirena. Ser conscientes de las limitaciones de tu empresa. No quemarse, saber delegar (el cansancio, el agotamiento, puede ser mortal). No depender de las subvenciones, más bien todo lo contrario. Probar maneras de desafiar el mercado para tratar de sorprender y al mismo tiempo ceder cuando lo sensato sea ceder (nada de rasgarse las vestiduras), es decir, corregir a tiempo y asumir las contradicciones. Capacidad y deseo de generar comunidad real, de conectar con una comunidad lectora que crea en lo que lo que propones. No en vano, el lema de La uÑa RoTa es «Editorial dependiente de lectores independientes». Y donde se dice lectores, también cabe decir librerías con un criterio independiente. Dependemos de esto para sobrevivir.
Por lo demás me interesan los proyectos culturales insurgentes, nada complacientes, empresas que consiguen sostenerse con coherencia, con riesgo, rigor y rebeldía. Qué difícil, ¿verdad?
En cuanto al futuro que auguro a los muchos proyectos que están surgiendo, ¿cómo saberlo? Ojalá tuviéramos un oráculo a mano.
Acaso cabría añadir, si nos ponemos un poco estupendos, que la supervivencia de ferias del libro, librerías, editoriales, etc., dependerá de los vínculos que sean capaces de establecer con el entorno. Esto podría ser una clave, pero a saber. Pero qué lástima, ¿verdad?, que hablemos de «supervivencia» en lugar de «vivencia».
8. Si pudieras derribar una “regla no escrita” del sector, ¿cuál sería y por qué?
Entre otras, derribaría esa regla no escrita pero tan extendida, y por tanto tan escrita, según la cual el catálogo es la obra del editor; y, en consecuencia, que el editor ocupa una especie de trono simbólico dentro del sector. Lo que Damián Tabarovsky llama el «editor rey». Esa idea que engrandece la figura del editor a costa de ocultar todo lo demás: la escritura, la traducción, la corrección, la lectura, la escucha paciente, incluso el azar. Un catálogo puede ser un punto de vista, desde luego, de una sola persona, pero, sobre todo, se trata de una constelación de voces y títulos, que incluso pueden generar tensión entre sí. Esta idea de constelación de voces —verdaderas protagonistas de un catálogo— me interesa mucho.
La figura del editor-rey me parece desacertada porque convierte el oficio de editar en autoridad, en imposición de criterio, en un ejercicio de poder —¿qué es sino un rey?— más que en un acto de servicio. Desde luego editar es invertir un capital (no nos olvidemos de esto), pero no es coronarse; más bien, es acompañar. No es imponer una visión; es abrir uno o varios espacios para que los puntos de vista de otros tengan también lugar. La literatura no necesita reyes: necesita personas que sean artesanas, conversadores, lectoras atentas. El lugar que ocupa el editor en el ecosistema editorial se encuentra en el mismísimo tejido: sosteniendo, afinando, cuidando, trabajando desde la cueva. Un editor, si ha de ser alguien, debería serlo solamente en su cueva. Un catálogo no debería ser un monumento al editor, sino una conversación viva entre muchas personas.
9. Y ya por último, ¿qué libro (de cualquier época) crees que todo el mundo debería leer al menos una vez?
La celestina, y en particular recomendaría la edición de Julio Rodríguez Puértolas que la editorial Akal publicó en 1996. Esta sí que es una obra maestra. Qué placer.
| JORGE CARRIÓN
Jorge Carrión es escritor y crítico cultural. Este año se ha reeditado su libro más conocido, Librerías (Galaxia Gutenberg), con un prólogo de Roger Chartier y un nuevo epílogo del autor. Acaban de publicarse dos libros colectivos en los que participa, Escrituras en fuga (Almadía) y Relatos revelados (Galaxia Gutenberg).

1. El panorama editorial cultural suele ser un fiel reflejo de los intereses y corrientes de
pensamiento de cada momento. Tras un año intenso de publicaciones, ¿qué cuatro títulos
(de cualquier género) publicados en 2025 destacarías?
Pues cuatro proyectos de edición de clásicos, en un contexto en que siempre priman las novedades de autores vivos y mainstream. Alfaguara ha publicado este año los dos primeros volúmenes de la excelente traducción de En busca del tiempo perdido que hizo Mercedes López-Ballesteros, con el aval de Javier Marías; Galaxia Gutenberg, Los prometidos, la trepidante y divertida novela de Alessandro Manzoni, con sus personajes inolvidables, en versión de Marilena De Chiara; Fulgencio Pimentel, por su parte, ha publicado en un volumen los muy inteligentes ensayos de Ingmar Bergman, Las palabras nunca están ahí cuando las necesitas; y Nórdica, la edición ilustrada por Javier Olivares de El duelo, de Chéjov. Creo que existe una fuerte necesidad de solidez en estos tiempos líquidos. El algoritmo no sabe recomendarnos cultura. Ante la crisis de brújulas, se siguen publicando y leyendo clásicos.
2. Más allá de las publicaciones individuales, analizar la agenda de las editoriales durante 2025 permite entender cómo se está moldeando el sector a nivel conceptual y comercial. ¿Podrías identificar algunos temas o enfoques que hayan sido centrales en las líneas editoriales este año?
El gran elefante en la sala es la inteligencia artificial. Ya se está utilizando en los procesos de escritura y editoriales, pero todavía no ha penetrado en la dimensión pública. Por eso impactó tanto la publicación hace unos meses de Hipnocracia, del supuesto Jianwei Xun, en verdad varias IAs, porque nos advirtió de que pronto el emperador estaría desnudo. Se publican muchos libros sobre tecnología, pero el fenómeno va tan rápido que es mejor para entenderlo escuchar podcasts o leer newsletters. También hay mucho interés por el resto de inteligencias no humanas, en el marco de la preocupación por el cambio climático y el Antropoceno (por eso he publicado en mi serie de Galaxia Gutenberg Modos de existir, el brillante ensayo de James Bridle). En clave fantástica, se podría decir que eso explica en el fondo el boom adolescente de por la romantasy, con sus amores interespecies y su necesidad de evasión.
3. En el plano personal, al margen de las tendencias, ¿qué temas te han interesado especialmente en 2025? ¿Qué destacarías de la manera en que están siendo abordados? ¿Algún autor o autora a quien no perder de vista?
He leído mucho ensayo, para intentar entender qué está pasando. Creo que Yuk Hui se ha consolidado este año como un pensador fundamental para comprender nuestra época con Post-Europa (Mutatis Mutandi), después de varios libros, también importantes, publicados por Caja Negra, sobre todo centrados en la tecnología. En ese sello, Hito Steyerl (Medios calientes. Las imágenes en la era del calor) analiza con mucha lucidez la relación entre IA, política y desastres medioambientales. El genocidio que ha perpetrado Israel en Palestina está atravesado por esos temas (es también un ecocidio). Lo trata Júlia Nueno Guitart en Genocidios. Una lectura forense, en colaboración con Forensic Architecture. En la misma editorial, Galaxia Gutenberg, El mundo después de Gaza, Pankaj Mishra deja claro que nada será lo mismo después de semejante barbarie.
4. Vemos que cada año son más los proyectos independientes que surgen o se consolidan, proyectos que buscan diversificar voces y enfoques, y que promueven nuevas maneras de hacer en el sector. ¿Qué proyecto editorial recomendarías seguir de cerca y por qué?
Varios, tantos. En cómic, Apa-Apa, que apuesta por tebeo experimental; en ensayo, Mutatis Mutandi, con contenido potente en una estética propia; en texto-imagen, Menguantes y Comisura (que ha creado su propio premio); y en literatura hispanoamericana, a Candaya, un clásico de la independencia editorial que ha cumplido 20 años, se le han sumado ahora la sede de Almadía en España o Lava; en poesía soy muy fan de Ultramarinos (me ha encantado la reescritura del Infierno de Dante que hace Xaime Martínez en Pábilun); y acaba de nacer Sudakasa ediciones, de corte migrante, con un primer libro de Mafe Moscoso, Kotopaxi.

5. La relación entre autores, editores y lectores está en constante transformación, con nuevas formas de difusión y espacios de crítica (clubes de lectura, podcasts, redes sociales…) que influyen en cómo nos relacionamos con los libros. ¿Cómo definirías la crítica literaria actual? ¿Cuáles dirías que son hoy las principales vías de difusión literaria?
Yo sigo leyendo cada fin de semana los suplementos en papel, y voy cada semana a librerías para ver qué se ha publicado, pero sé que pertenezco a una minoría. Entramos en un mundo post-redes sociales, porque ya los algoritmos no son nada fiables e internet se está inundando de contenidos automáticos. En mi experiencia, lo mejor es suscribirse a newsletters para encontrar recomendaciones fiables. Yo las hago en la mía, Solaris, desde hace tres años. Es mi mejor red social.
6. En 2025, ferias y festivales han seguido consolidándose como espacios estratégicos para visibilizar novedades editoriales, promover el consumo literario y conectar agentes del sector. ¿Hacia dónde crees que se dirige el sector y, más importante aún, hacia dónde te gustaría que se dirigiera? ¿Consideras que la proliferación de estos eventos aporta un valor añadido o que, en algún punto, podría llegar a ser contraproducente?
Este año he estado en FILBO, FIL de Guadalajara, y varios en España. Creo que se dirigen hacia la cantidad y la masificación en vez de la calidad. Por eso ha surgido el fenómeno de los microfestivales. Hay que concienciar de que Sant Jordi, o el equivalente local, es todo el año.
7. En tu opinión, ¿qué ha de tener un proyecto del sector editorial cultural para sobrevivir —ya sea un sello, una feria, una revista, una librería…—? ¿Qué factores podrían hacer que no lo consiguiera? ¿Qué futuro auguras a los muchos proyectos que están surgiendo en los últimos años?
Su éxito o su fracaso depende de que construyan, como se dice ahora, comunidad. Para ello no sólo tienen que ser relevantes, sino encontrar a las personas que pueden entender y compartir y difundir y alimentar esa relevancia. No es fácil.
8. Si pudieras derribar una “regla no escrita” del sector, ¿cuál sería y por qué?
Sin duda la de que no se puede cambiar el porcentaje de derechos de autor. El 8-10% es ridículo. Y muy injusto.
9. Y ya por último, ¿qué libro (de cualquier época) crees que todo el mundo debería leer al menos una vez?
La Comedia. Lo volví a leer en verano, en la traducción de José María Micó, es brutal.
| ALMUDENA AMADOR (Llibreria Ramon Llull)

Almudena Amador es fundadora y copropietaria, junto a Paco Benedito y Óscar Brox, de la Llibreria Ramon Llull de Valencia, ganadora del Premio Librería Cultural 2025, otorgado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías (CEGAL), con el apoyo del Ministerio de Cultura. Su proyecto destaca por ofrecer una amplia programación cultural (presentaciones, encuentros y actividades culturales) y fomentar el diálogo en torno al libro, teniendo en cuenta a todos los agentes involucrados en su producción y difusión y contribuyendo al tejido cultural de la ciudad. Tal y como señalan, el suyo es un espacio «de encuentro y de gozo por la lectura y por la conversación» en el que se «ejerce y fomenta el espíritu crítico, la tolerancia, la libertad de expresión y la de pensamiento».
1. El panorama editorial cultural suele ser un fiel reflejo de los intereses y corrientes de
pensamiento de cada momento. Tras un año intenso de publicaciones, ¿qué cuatro títulos
(de cualquier género) publicados en 2025 destacarías?
De este año destacaría cuatro títulos que, efectivamente, reflejan los intereses y preocupaciones de la sociedad, tanto en narrativa como en ensayo. Uno de ellos es Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina, de Ilan Pappé, publicado en Capitán Swing. Pappé es un pensador israelí que vive en Londres, muy crítico con la situación actual, con el gobierno de Netanyahu y con el sionismo. En este libro, breve y muy clarificador, explica las raíces del conflicto. El segundo es La extrema derecha en Europa, un libro muy breve pero muy contundente de la profesora valenciana Anna López Ortega, publicado por Tirant Humanidades, en el que analiza con mucha claridad la deriva hacia el extremismo de derechas en España y Europa. Y, también sobre la situación geopolítica actual, La era de la revancha de Andrea Rizzi, publicado en Cuadernos de Anagrama.
Por último, uno que no es un ensayo propiamente, Seismil, de Laura C. Vela, publicado por la editorial Niños Gratis. Es un libro de autoficción, en el que la protagonista es la propia autora contando su durísima experiencia. Relata la violación que sufrió cuando era una niña de 13 años y narra cómo fue vivida por su familia, en el colegio. Creo que la violencia sexual, en general la violencia contra las mujeres, es otra gran preocupación que también se refleja en la literatura.

2. Más allá de las publicaciones individuales, analizar la agenda de las editoriales durante 2025 permite entender cómo se está moldeando el sector a nivel conceptual y comercial. ¿Podrías identificar algunos temas o enfoques que hayan sido centrales en las líneas editoriales este año?
Gaza ha sido un gran tema en las publicaciones. El futuro o las dificultades de Europa, la tan preocupante era Trump, la situación de las democracias. Peligros que parecían imposibles, de repente, ya no lo son tanto… La IA también ha sido un gran tema, se ha hablado mucho de ella, en todos los sentidos y desde múltiples lugares.
Por otra parte, hay un claro interés por leer a autoras, autoras mujeres. Voces que se echaban de menos en décadas anteriores y que ahora cobran protagonismo. Aquí destacaría la voz de las autoras latinoamericanas que estamos conociendo.
Respecto a este punto también me gustaría señalar otra cosa: la vuelta a los grandes clásicos de la literatura, ya sea por temas o por autores. Últimamente se están revisitando clásicos grecolatinos a través de diferentes ediciones, traducciones, etcétera, lo que, desde mi punto de vista, es un reflejo de varias cosas muy reveladoras. Por un lado, del interés de la sociedad por preguntarse dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, por buscar referentes en un mundo digitalizado y cada vez más veloz. Y por otro, de un fenómeno tan preocupante como es la derechización de la sociedad de la que hablaba antes, por parte sobre todo de jóvenes no informados o que, por decirlo de alguna forma, cogen el rábano por las hojas. Jóvenes que, por ejemplo, hablan de estoicismo pero dándole una interpretación absolutamente individualista, contra el vulnerable y contra el diferente. Es decir, haciendo una mala interpretación del mismo. Y esto se ve en las redes, donde jóvenes muy cercanos a la extrema derecha hablan de las meditaciones de Marco Aurelio.
3. En el plano personal, al margen de las tendencias, ¿qué temas te han interesado especialmente en 2025? ¿Qué destacarías de la manera en que están siendo abordados? ¿Algún autor o autora a quien no perder de vista?
Una autora a la que creo que no hay que perder de vista es Lola López Mondéjar, ganadora del Premio Anagrama de Ensayo en 2024, con un libro que se titula Sin relato. No tanto porque sea una voz nueva, ya que ella es una psicoanalista, pensadora y ensayista con muchísima experiencia y varios libros muy sólidos publicados, sino por la claridad con que escribe y la certeza de sus diagnósticos. En Sin relato habla de un mundo de digitalización absoluta, de relaciones virtuales, de la dificultad para nombrarnos, para mencionarnos, para imaginarnos.
4. Vemos que cada año son más los proyectos independientes que surgen o se consolidan, proyectos que buscan diversificar voces y enfoques, y que promueven nuevas maneras de hacer en el sector. ¿Qué proyecto editorial recomendarías seguir de cerca y por qué?
El nivel editorial en España me parece extraordinario, muy diverso en todos los sentidos y muy rico, y eso es algo fantástico para nosotras, las librerías. Aunque destacaría muchísimos, si tengo que mencionar solo uno, me decanto por Bamba Editorial, un proyecto que nace en Valencia en 2019 a partir de una revista digital y se consolida como editorial en 2020 para, como dicen en su web, “hacer libros”. Es una editorial que, además de producir libros con una edición exquisita, preciosa y muy cuidada, recupera textos y voces de autoras no editadas o descatalogadas, autoras del siglo XX que, en su momento, no fueron valoradas o, directamente, fueron ignoradas y opacadas. Han publicado a Elena Garro, a Quiroga, una biografía de Silvia Plath que no estaba editada en España, en fin, una serie de libros con los que es una alegría poder contar. Esta recuperación me parece una maravilla. De ellas admiro tanto su proyecto editorial como su manera de hacer, con tranquilidad, con tino, con mucho celo. Es muy destacable el cuidado que le ponen a todo lo que hacen.
5. La relación entre autores, editores y lectores está en constante transformación, con nuevas formas de difusión y espacios de crítica (clubes de lectura, podcasts, redes sociales…) que influyen en cómo nos relacionamos con los libros. ¿Cómo definirías la crítica literaria actual? ¿Cuáles dirías que son hoy las principales vías de difusión literaria?
Hoy en día, como todo, el sector editorial y la crítica literaria se han diversificado mucho. La diversificación es el síntoma de nuestro tiempo. Hay variedad tanto en la crítica como en los medios y vías desde los que se produce. En redes hay lectores que se han convertido en grandes recomendadores, existen podcasts donde se habla de libros o de la vida de escritoras y escritores, e incluso la propia actividad que se realiza en librerías y otros espacios es una forma de recomendación.

6. En 2025, ferias y festivales han seguido consolidándose como espacios estratégicos para visibilizar novedades editoriales, promover el consumo literario y conectar agentes del sector. ¿Hacia dónde crees que se dirige el sector y, más importante aún, hacia dónde te gustaría que se dirigiera? ¿Consideras que la proliferación de estos eventos aporta un valor añadido o que, en algún punto, podría llegar a ser contraproducente?
Efectivamente, las ferias, los festivales y otros encuentros para visibilizar novedades editoriales y conectar con lectores y otros agentes del sector han crecido en número. Yo creo que, en principio, eso siempre es una buena noticia. En cuanto al lugar hacia el que se dirige el sector, es una pregunta que no me atrevo a contestar pero lo que sí creo, como decía antes, es que la diversidad es una de sus características más relevantes, diversidad en la edición, en los temas, en los medios para conectar, en los espacios de encuentro. Yo diría que esta es precisamente la clave.
7. En tu opinión, ¿qué ha de tener un proyecto del sector editorial cultural para sobrevivir —ya sea un sello, una feria, una revista, una librería…—? ¿Qué factores podrían hacer que no lo consiguiera? ¿Qué futuro auguras a los muchos proyectos que están surgiendo en los últimos años?
Yo creo que lo fundamental, por ejemplo en el caso de una librería, que es lo que conozco, es que cada proyecto cultural se distinga por su propia identidad y singularidad, que se marque un camino y se mueva en él con coherencia. Seguir tu camino de acuerdo con tu idea no solo es más gratificante, sino que creo que es la clave y una garantía de éxito —aunque dudo que el sector cultural haya garantías—. En mi opinión, saber de dónde nace, por qué se hace, qué quiere y hacia dónde se dirige un proyecto hace que tenga más posibilidades de salir adelante, de sobrevivir.
8. Si pudieras derribar una “regla no escrita” del sector, ¿cuál sería y por qué?
Tengo dos ideas, una más pragmática y otra más filosófica. Empiezo por la pragmática. Creo que el sector del libro en general, pero particularmente la administración, porque dependen en gran medida de ella, debería cuidar más las bibliotecas públicas, que son un agente clave en la difusión y la democratización de la cultura de la lectura y la relación con los libros y el conocimiento.
Aquí hay un tema técnico importante y es que las bibliotecas —que suelen tener presupuestos muy bajos, en algunos casos incluso pospuestos o anulados, lo cual me parece una auténtica tragedia—, adquieren sus libros en librerías independientes. Para mí esto es fundamental, que las bibliotecas de los barrios y de las ciudades compren en las librerías independientes de su zona, porque así se fortalece el tejido cultural y comercial local en vez de concentrarlo todavía más en grandes distribuidores o grandes empresas. Luego hay otra cuestión, amparada por la Ley del Libro, con la que yo no estoy nada de acuerdo. La ley fiscaliza los descuentos y permite que, cuando una librería vende a una biblioteca, pueda aplicar un 15% de descuento. Teniendo en cuenta que el margen real de una librería es del 30%, esto significa entregar literalmente la mitad del margen, y esto, desde mi punto de vista, perjudica muchísimo a las librerías, que ya son el eslabón más débil de la cadena del libro. Este 15% no es obligatorio, pero como existe la posibilidad, en la práctica acaba convirtiéndose en una exigencia, ya que muchas veces las bibliotecas deciden a quién comprar en función de ese descuento. La administración no debería pedir a las librerías que cedan la mitad de su margen para poder trabajar con ellas, es muchísimo trabajo para un beneficio final muy pequeño, es bastante injusto.
La respuesta más filosófica a esta pregunta tiene que ver con una norma no escrita que todos aceptamos: el estrés permanente de la multitarea, de la inmediatez, de que todo tenga que ser para mañana o para ayer. Yo creo que esto lo hacemos todos y lo sufrimos todos, y nos perjudica. Sería fantástico poder trabajar con más plazos, con otro ritmo, hacer las cosas mejor y más despacio. Me encantaría que desapareciera esta presión constante, no solo en el sector del libro, sino en general, esa expectativa de rapidez absoluta, de respuesta inmediata. Creo que es algo que nos hace daño como profesionales y como personas.
9. Y ya por último, ¿qué libro (de cualquier época) crees que todo el mundo debería leer al menos una vez?
Vida y destino de Vasily Grossman, publicado por Galaxia Gutenberg, traducido por Marta Rebón. Es un libro emblemático sobre la sinrazón de la guerra, la condición humana y el ser humano en general, es decir, un libro sobre violencia. Creo que deberíamos tenerlo muy presente.
| PEP OLONA

Pep Olona es coordinador, comisario e ideólogo de Arrebato Libros, un proyecto que reúne una librería especializada en Malasaña, una editorial de poesía escénica y la gestión de distintos programas culturales. Como editor, ha trabajado vinculando publicación y escena. Desde 2004 coordina el festival POETAS y otros proyectos asociados. Es director de Indómitas, la feria de edición independiente integrada en la Feria del Libro de Madrid, centrada en visibilizar prácticas editoriales alternativas. Entre sus iniciativas figuran Universal Poem, UPLAB, Réquiem, pUEnte o el Bombardeo de Poemas realizado en Madrid en 2018.
1. El panorama editorial cultural suele ser un fiel reflejo de los intereses y corrientes de
pensamiento de cada momento. Tras un año intenso de publicaciones, ¿qué cuatro títulos
(de cualquier género) publicados en 2025 destacarías?
Sin duda es un buen reflejo. Voy a recomendar cuatro publicaciones que han salido este año de varias editoriales, que nosotros denominamos «Indómitas», que pueden ofrecer una visión clara de la tendencia mundial: Arte Facha del colectivo Homo Velamine; Vamos Vien de Luis Safah, editado por Bonito Editorial, Introducción a la Comunicación de Gregorio Apesteguía, editado por Almacén de Análisis; y el último número del fanzine El Naufraguito titulado ¿Puedo mentirme a mí mismo y no tener consecuencias?
2. Más allá de las publicaciones individuales, analizar la agenda de las editoriales durante 2025 permite entender cómo se está moldeando el sector a nivel conceptual y comercial. ¿Podrías identificar algunos temas o enfoques que hayan sido centrales en las líneas editoriales este año?
Honestamente, como desde Arrebato vivimos al margen del mercado editorial convencional, me resulta muy complicado poder responder a esta pregunta. Aunque sí identifico a una nueva generación de voces; ensayistas, poetas y narradores que, en un plazo muy corto de tiempo, ha obtenido la atención, primero de los editores, muchos de ellos también de nueva generación, y en segundo lugar del público y de los grandes medios. Creo que hace unos años no era tan habitual que fuera así.
«El momento actual se estudiará en unas décadas como el de una nueva esclavitud de la que no éramos del todo conscientes, la del uno contra el propio yo» (Pep Olona)
3. En el plano personal, al margen de las tendencias, ¿qué temas te han interesado especialmente en 2025? ¿Qué destacarías de la manera en que están siendo abordados? ¿Algún autor o autora a quien no perder de vista?
Lamentablemente dispongo de muy poco tiempo de lectura y lo centro en aquellos proyectos en los que estoy trabajando cara al año próximo y siguiente. Personalmente, la vida y muerte de Lorca, y cómo se ha estudiado a lo largo de estos casi 90 años, ha sido mi lectura principal. En cuanto a autores contemporáneos que no haya que perder de vista diría que, en realidad, no perdáis de vista las publicaciones de La uÑa Rota o Continta me tienes, que son dos editoriales que creo tienen muy buen ojo para la selección de autores, así como todo aquello que edite Sabina Urraca o aquello que recomienden desde Letras Corsarias.
4. Vemos que cada año son más los proyectos independientes que surgen o se consolidan, proyectos que buscan diversificar voces y enfoques, y que promueven nuevas maneras de hacer en el sector. ¿Qué proyecto editorial recomendarías seguir de cerca y por qué?
Sin duda, uno de los proyectos que últimamente me tiene más fascinado es Ediciones Menguantes, tanto por la originalidad de los temas tratados en sus libros como por la calidad de sus obras. Otro proyecto que me parece maravilloso es Kit Caníbal, quienes generan, alrededor de un tema, un conjunto de publicaciones que tienen significado por separado y en conjunto.
5. La relación entre autores, editores y lectores está en constante transformación, con nuevas formas de difusión y espacios de crítica (clubes de lectura, podcasts, redes sociales…) que influyen en cómo nos relacionamos con los libros. ¿Cómo definirías la crítica literaria actual? ¿Cuáles dirías que son hoy las principales vías de difusión literaria?
Uno mismo. Creo que el momento actual se estudiará en unas décadas como el de una nueva esclavitud de la que no éramos del todo conscientes, la del uno contra el propio yo. Nadie tiene tiempo, y en gran parte es porque ahora todos somos comunicadores y consumidores a la vez. Hay una especie de carrera hacia no se sabe bien dónde, poca gente es capaz de detenerse, y el mundo editorial no está al margen. Los autores están cansados de promocionarse, las editoriales están forzadas a producir más de lo que deberían, y a contarlo sin parar, las librerías no hacen más que abrir y cerrar cajas, y mientras, para sobrevivir, crean presentaciones, clubes de lectura, todo lo que sea para poder vender, aunque eso suponga más y más horas de trabajo… todo ese sistema, claro, ayuda a que se vendan más libros. De la crítica literaria contemporánea no puedo opinar.
6. En 2025, ferias y festivales han seguido consolidándose como espacios estratégicos para visibilizar novedades editoriales, promover el consumo literario y conectar agentes del sector. ¿Hacia dónde crees que se dirige el sector y, más importante aún, hacia dónde te gustaría que se dirigiera? ¿Consideras que la proliferación de estos eventos aporta un valor añadido o que, en algún punto, podría llegar a ser contraproducente?
Sin duda, en esta última década, y en especial en los últimos cinco años, han proliferado muchos festivales literarios y ferias especializadas y generalistas. Cuando empezamos en 2005 con el Festival POETAS y con la Feria de Ediciones Indómitas había muy pocos proyectos que trabajasen de esa manera, y está claro que el boom actual es el resultado del apoyo de instituciones públicas, privadas, editoriales, proyectos autogestionados… Para nosotros, por ejemplo, haber ubicado las ediciones que viven al margen del mercado en la Feria del Libro de Madrid, es un claro síntoma de apertura, que ha permitido que el gran público conozca proyectos que, de otra manera, no habría tenido oportunidad de descubrir. Como organizador de este tipo de eventos desde hace 20 años, sé las dificultades que entraña llevarlos a cabo, el riesgo que uno tiene que asumir, y veo difícil que muchos de estos proyectos se mantengan estables en el tiempo.

7. En tu opinión, ¿qué ha de tener un proyecto del sector editorial cultural para sobrevivir —ya sea un sello, una feria, una revista, una librería…—? ¿Qué factores podrían hacer que no lo consiguiera? ¿Qué futuro auguras a los muchos proyectos que están surgiendo en los últimos años?
El del libro es de los pocos sectores en el que hay mucha más oferta que demanda. Aunque haya cifras que indiquen que los índices de lectura aumentan, y así se siente, sigue siendo un objeto preciado por muy pocos. Para ser profesional en este sector creo que hay que ser un poco imprudente, alocado… Ahora han salido cursos de formación para futuras libreras y libreros, hay másteres de edición, de gestión cultural…, nuestra generación no tuvo la suerte de disponer de esta formación, que sin duda consigue ambientes más profesionales. ¿Qué hay que hacer para sobrevivir? Creo que lo mejor es ser honesto y diferenciarse del resto.
8. Si pudieras derribar una “regla no escrita” del sector, ¿cuál sería y por qué?
Que las distribuidoras manejen el mercado como actualmente lo hacen. Creo que tienen más poder del que deberían, que unifican la oferta, y que editoriales, librerías, autores y público sufren por ello.
9. Y ya por último, ¿qué libro (de cualquier época) crees que todo el mundo debería leer al menos una vez?
Hojas de Hierba de Walt Whitman.
En 2024 nos preguntábamos qué podíamos pedirle al 2025 en materia editorial. Hoy, casi un año después, vemos cómo aquello que entonces se intuía se ha vuelto realidad. El sector no deja de cambiar y, con él, la forma de producir, difundir y consumir literatura. Ahora la pregunta es: ¿qué ocurrirá en 2026? Agradecemos profundamente a Júlia, Carlos, Jorge, Almudena y Pep el tiempo que han dedicado a responder y, por supuesto, a quienes siguen leyendo, tanto propuestas arriesgadas como otras más convencionales.

