Resumen
La Fundación Louis Vuitton reúne más de seis décadas de la trayectoria de Gerhard Richter, uno de los artistas vivos más importantes. Su obra combina memoria personal, historia del arte y compromiso político, mostrando una magistral capacidad para unir belleza, dramatismo y reflexión social en un arte sistemático y profundo. Richter ha revolucionado la pintura contemporánea, explorando técnicas que abarcan desde la abstracción hasta la fotografía y la escultura, dejando una influencia vasta que aún espera ser plenamente estudiada y comprendida.
Esta calificación de Gerhard Richter (Dresde, Alemania, 9 de febrero de 1932) como el mejor artista vivo no es algo que hayamos decidido nosotros, es más bien una idea o tal vez una sensación que crece y se hace más fuerte cada vez que una obra suya se subasta, superando su anterior precio, cada vez que expone, cada vez que vuelve a ser premiado por su trayectoria. Nosotros estamos de acuerdo con esta definición de un artista que, en sus más de 60 años de trabajo, ha revolucionado la pintura contemporánea, revitalizándola y sacando de la esencia histórica de este lenguaje artístico nuevas posibilidades, nuevas facetas, creando series de obra singulares, originales, atravesadas por la historia, por la memoria y utilizando todas las técnicas, todas las posibilidades. Esto le ha convertido en un creador con múltiples capas de significado, que nunca ha mirado para otro lado ni en lo relativo a la cualidad pictórica de su obra ni en la relación esta con su propia vida y con sus experiencias sociales y políticas.
Más parece una colectiva de varios artistas jóvenes que una gran antológica de un artista que tiene 93 años
Un artista, pero también un hombre, que ha convertido su vida íntima, su memoria personal y su familia en el tema de sus obras; que ha hecho de la historia del arte, y en particular de su obsesión y amor por la obra de Tiziano, otro de sus ejes temáticos; y que tampoco ha dejado de reflejar la actualidad política, las situaciones siempre conflictivas que en su país marcaron la existencia de dos países en uno, el terrorismo y la violencia de Estado. Un hombre de su tiempo y un artista para la historia, tal vez esa pudiera ser su definición más amplia, antes de pasar lista a sus innovaciones, experimentos y hallazgos artísticos.
La exposición, que desde el pasado mes de octubre hasta el próximo mes de marzo, se puede ver en la Fundación Louis Vuitton es una prueba contundente de ello: unas 270 obras de toda su trayectoria, seis décadas de creación sistemática que nunca se ha detenido. En ella están reunidas pinturas, fotografías, sus series de abstracción, paisajes, retratos, y esas obras en las que dialogan pintura y fotografía, las pinturas ralladas, las construcciones cinéticas y de color, hasta las esculturas de plástico y cristal… Más parece una colectiva de varios artistas jóvenes que una gran antológica de un artista que tiene 93 años y que, cuando acabe la muestra —muy probablemente la última gran exposición que realice en vida—, tendrá ya 94 años.

![Richter, Mohre [Carotte]](https://exitmedia.net/wp-content/uploads/2025/12/exit-Gerhard-Richter-Mohre-Carotte-1984-CR-558-2-1115x1400.webp)
Casi un siglo de vida se refleja en esta muestra, que constituye el mejor reconocimiento tanto de su legado como de una influencia en las generaciones posteriores aún no cuantificada ni estudiada adecuadamente. En la Fundación Louis Vuitton, lo que vemos es la obra de un coloso, de un tipo de artista que se acaba con Richter y del que, tal vez, solo quede otro ejemplar: el también pintor alemán Anselm Kiefer.
Richter ha vivido la segunda guerra mundial y el nazismo en su infancia y juventud, y en su familia hay víctimas muy cercanas y victimarios muy destacados de la masacre que supuso el nazismo. Su padre fue reclutado por el ejército y cayó prisionero en 1944, y no fue liberado hasta 1949, algo que muy posiblemente le salvó la vida. La familia huyó de Dresde en 1943, salvándose del bombardeo que destruyó completamente la ciudad sin dejar supervivientes —un bombardeo que muchas veces se ha asociado al de Gernika en capacidad destructiva y en simbología trágica—.
Con esta gran retrospectiva en París, Gerhard Richter pone el broche de oro a una extensísima carrera artística
El joven Richter empieza pintando murales (todos desaparecidos actualmente) después de cursar estudios de pintura publicitaria y escenarios, tras ser rechazado en la Universidad de Artes Visuales. A su regreso a Dresde en 1951 entra a estudiar en la Academia de Arte de la ciudad, donde se licencia en 1956, y empieza a dar clases en academias de arte en la antigua Alemania Democrática (RDA). En 1961, después de casarse por primera vez, realiza un viaje a la Unión Soviética que finaliza con él y su esposa huyendo de la RDA desde Berlín, solo dos meses antes de la construcción del Muro.
Después de vivir en campos de refugiados y de atravesar diversas vicisitudes, se instala en Düsseldorf, donde pronto empieza a trabajar en la Kunstakademie, en la que fue profesor hasta 1993. Todas estas vivencias, junto con sus viajes a Italia, donde queda prendado de la obra de Tiziano —que años después, y en varias ocasiones a lo largo de su vida, copiará y transformará con variaciones de estilo y definición—, configuraron los pilares estéticos y conceptuales de su obra.

A partir de 1962, Richter comienza la realización de una de sus obras más significativas: Atlas, que más que una obra individual es un archivo de trabajo con miles de imágenes, textos, apuntes, fotografías, bocetos de obras (algunas de las cuales se realizarán posteriormente y otras quedarán solamente en el archivo). Atlas supone una especie de columna vertebral de toda su trayectoria, en la que van marcándose los avances y descubrimientos, las preocupaciones, experimentos técnicos y cambios de estilo, sus preocupaciones personales, sus comentarios sobre la situación política, sus ideas y comentarios estéticos y artísticos. Un trabajo a medio camino entre el diario, el cuaderno de apuntes y la escenificación de la vida creativa, obra de un artista sistemático que suele titular sus obras con números de series y, a veces, solo con nombres o fechas.
Esta obra sirve para recordar, una vez más, ese tono romántico tan propio de la pintura de Richter, muy apegado a la belleza y al dramatismo del ser
En 1963 se fecha otro momento muy importante en su carrera como artista: la incorporación de la fotografía, a veces con fotografías tomadas por sí mismo y otras muchas a través de la apropiación de imágenes fotográficas extraídas de prensa o de archivos de cualquier tipo. Esta incorporación dará lugar a la parte más elegante y, tal vez, más atractiva de su trabajo pictórico, a caballo entre la abstracción lírica y expresionista y una figuración que se desvanece en sus límites y es absorbida por la pintura, que la oculta parcialmente.



18. Oktober 1977 (18 de octubre de 1977) es una fecha trágica en la historia de la Alemania moderna. Es la fecha en la que encontraron muertos a los terroristas detenidos de la Baader-Meinhof en la prisión de Stuttgart-Stammheim, y es también la fecha que da título a la serie de quince pinturas que Richter realizó en 1989 a partir de las fotografías de los cadáveres encontradas en los archivos de la policía. La reflexión sobre este hecho, que se presentó como un suicidio pero que despertó todo tipo de sospechas sobre la brutalidad de las instituciones, materializada por Richter doce años después en una obra, puso de manifiesto la respuesta de una gran parte de la sociedad alemana, que, aunque condenaba las acciones terroristas de esta facción terrorista del llamado Ejército Rojo, no aceptó la violencia de la acción del Estado como respuesta. La obra reúne una oscura belleza con el signo del drama, en pinturas en tonos grises realizadas a partir de dichas fotografías, mostrando la clara postura política y social de un artista que había vivido la brutalidad de otras épocas de la Alemania más profunda, y que deja claro que el arte es también una manifestación social. Esta obra sirve para recordar, una vez más, ese tono romántico tan propio de la pintura de Richter, muy apegado a la belleza y al dramatismo del ser.
![Richter, Lesende [Woman reading],](https://exitmedia.net/wp-content/uploads/2025/12/exit-Gerhard-Richter-Lesende-Woman-reading-1994-CR-804-1400x982.webp)
La primera exposición individual de Richter fue en 1962, en Dusseldorf, donde al acabar quemó toda su obra. A partir de ahí expuso en Múnich y Berlín, y desde los 70 en otros lugares de Europa y Estados Unidos. En 2002 realizó su cuarta gran retrospectiva Gerhard Richter: 40 años de pintura, comisariada por Robert Storr en el MoMA de Nueva York, que itineró a San Francisco y Los Ángeles. Antes ya había expuesto en el Centro Pompidou de París, la Tate Modern de Londres y, por supuesto, en los museos más importantes de Alemania; y había participado varias veces en la Documenta y en la Bienal de Venecia, donde ganó el Arnold Bode Preis y el León de Oro, entre otros muchos. Con esta gran retrospectiva en París, Gerhard Richter pone el broche de oro a una extensísima carrera artística.
(Gerhard Richter, Fondation Louis Vuitton, París. Hasta el 2 de marzo de 2026)


