anterior

El abismo de turno

siguiente
trump the searchers
Fotograma de The Searchers, de John Ford, 1956

Llega el verano y, como cada año, la Opinión de julio se prolongará hasta septiembre. Este año tenemos una voz diferente dándonos su opinión: le damos la palabra a Francesc Torres, artista catalán, español y prácticamente también estadounidense, ya que allí ha vivido la mayor parte de su vida artística. El reciente Premio Velázquez nos habla de la situación de la cultura y el arte en los EE.UU. de Donald Trump.

Buen verano para todos y que no nos pase nada.

R.O.

Resumen

Rosa Olivares le cede a Francesc Torres su espacio mensual de Opinión para reflexionar sobre el peligro de líderes ignorantes como Trump. Infantil, vengativo y potencialmente dañino para el mundo, Trump quiere dejar su legado creando un parque escultórico de héroes. Frente a la falta de ética, ideología y cultura, Torres celebra la resistencia cultural como contrapeso vital.

Si decimos, con fundamento, que el mundo no podría estar peor, nos equivocamos seguro. El mundo, la vida, la cosa, siempre puede estar peor. Si decimos que lo que está sucediendo en esa bolita insignificante flotando en medio del universo en la que vivimos los humanos es algo que no tiene precedentes, no nos alarmemos; lo que no tiene precedentes ahora servirá de precedente a lo que le siga en un futuro no demasiado lejano, seguro. Todo aquello que no tiene precedentes no es más que un anuncio de lo que se avecina desde más allá de la imaginación de los mortales. Puede parecer lo contrario, pero esta es una visión optimista, quiere decir que tenemos futuro.

Lo que está sucediendo en Estados Unidos con Trump no tiene precedentes. Es un error compararlo con el fascismo clásico, con Hitler, por ejemplo, excepto en que tanto el uno como el otro llegaron al poder elegidos democráticamente, que tiene su potra, pero Adolfo era un chiflado más o menos leído, pero con ideas sociales y políticas —por más delirantes que fueran— basadas en teorías de Perogrullo, como el darwinismo social, por citar alguna, que gozaban de cierto predicamento a partir de finales del XIX hasta bien entrado el XX (el capitalismo salvaje a día de hoy sigue pensando que es una buena idea). Tenía sentido de la historia, sabía quién era Napoleón, Federico II el Grande, a los que quería emular, había oído tocar campanas nietzscheanas que hablaban del triunfo de la voluntad y cosas por el estilo y, un detalle muy importante, estaba dispuesto a morir por ello y por su visión de Alemania, cosa que hizo en 1945.…

Este artículo es para suscriptores de EXPRESS

Suscríbete
0
    Tu carrito
    Carrito vacioVolver a la tienda