Resumen
Rosa Olivares inaugura la sección de Opinión de 2026 —que en este nuevo año pasa a publicarse a mediados de mes y no a principios, como se había hecho hasta ahora— analizando unos personajes imprescindibles en el mundo del arte: los coleccionistas. Personas que, muy ricas o no tan ricas, cultas o ignorantes, ahorradoras o calculadoras, pueblan inauguraciones, galerías, ferias y bienales, siempre ávidas de conseguir las mejores piezas para su colección. Las tipologías son muchas y muy variadas
Hablamos de «los coleccionistas» como si fueran todos iguales y no es así. Son tan distintos entre sí como puedan serlo las diferentes tipologías de aves que alguien poco conocedor agrupe en la sola palabra «pájaro». Como si todos los que tenemos perro no supiéramos distinguir entre un labrador o golden retriever y un bulldog inglés, o entre un teckel de pelo duro y uno de los variados tipos de chihuahua. Nadie confunde a un pastor alemán con un pastor australiano, o a un border collie con un bóxer alemán. Claro que entre un bóxer alemán y uno inglés… igual no todos pueden ver la diferencia. Yo de pájaros no sé mucho, pero de perros sí. Y de coleccionistas también. Por el trato sobre todo. Hasta hoy he tenido cinco perros, todos de diferentes tipos y de muy diferentes personalidades, cada uno especial y, posiblemente, único, aunque con rasgos similares a los de su raza. Y, además, observo a todos los que veo, con los que me cruzo por la calle, los de la familia y los de los amigos. Algo parecido me pasa con los coleccionistas. He conocido personalmente a muchos, he leído mucho sobre otros y observo meticulosamente a todos con los que me cruzo o coincido y, por supuesto, estoy atenta a las conversaciones, textos y libros que me voy encontrando desde hace décadas sobre ellos. Es algo que, creo, hacemos todos los que estamos en el mundo del arte profesionalmente, en cualquiera de sus ramas, donde estamos casi siempre como si fuéramos pájaros, ojo avizor.
No me considero una experta destacada, pero sí que es un personaje interesante y en el que con frecuencia pienso. Y lo primero que puedo decir es que no todos los que se dicen a sí mismos —o son definidos— como coleccionistas lo son realmente. Entre los coleccionistas están los especuladores, los simplemente ricos, los decoradores de interiores, los paseantes, los que lo que quieren es convertirse en galeristas o montar una fundación… y también aquellos que, aunque nunca lo hayan pensado como un objetivo, acaban siendo galeristas o dueños de una fundación.…
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