Resumen
A partir de la docuserie Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, Rosa Olivares explora cómo las series y documentales han desplazado silenciosamente a otras artes, convirtiéndose en el espejo donde buscamos sentido, evasión y verdad. Entre biopics que naufragan, como el dedicado a Trump, y documentales como este, dedicado a la asombrosa figura de Juan Gabriel, que desbordan autenticidad, la reflexión sobre la fragilidad entre realidad y ficción sale a relucir. En su última Opinión del año, Olivares sugiere que no es tanto la pantalla la que nos atrapa, sino nuestra necesidad de creer en historias increíbles.
Si el cine es aceptado como el séptimo arte, la televisión habría que ir empezando a pensar en cómo llamarla, porque a estas alturas ya todos tenemos más horas frente a la pantalla de nuestras casas (sea TV, ordenador, tablet o teléfono) que en cines. Y ya ni pensar en teatros, libros y, por supuesto, museos o exposiciones de galerías. Hay que aceptarlo, la conversación ya no se sale de las series que las plataformas digitales nos ofrecen sin misericordia. Es imposible resistirse, habría que sacarse los ojos y «cegarse» los oídos con cera líquida para evitar caer en el pecado, o en el vicio, más concretamente hablando. Porque claro, aquello de que veíamos una serie por capítulos semanales pertenece a la época de las películas del oeste, ahora te ves toda la temporada de golpe. Si son cuatro, seis, ocho o diez capítulos da igual, ya se sabe que dormir es como morir un poco, ¿y quién quiere morir sin saber qué pasa en el siguiente capítulo?
Pero la oferta es tal que ya hay que ir pensando en especializarse: series de ficción histórica, realities, bélicas, dramas, ciencia ficción, basadas en libros, ganadoras de premios, por países, y, sobre todo, de policías, thrillers, de abogados, sagas medievales, de humor (judío, blanco, negro, latino, fino, grueso, de hombres, de mujeres, de gais, de lesbianas, de heteros…). Y finalmente, pero no de menor interés o calidad, los documentales.
Lo que pasa es que a Juan Gabriel, a pesar de cualquier cosa, da gusto verlo y oírlo, mientras que a Trump (y cualquiera que se ponga en su papel) da asco
Dentro de los documentales (científicos, paracientíficos, nada científicos, de naturaleza, de asesinos, de casos reales sin resolver, de casos reales resueltos, de errores criminales…), dos tipologías que últimamente (tal vez ya con los ojos sangrantes de ver tantas cosas de todo tipo, como dirían en una boda: en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, con calidad o bodrios infumables) me están ocupando las noches: los documentales sobre famosos y los biopics.…
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